“EL PACTO DE LÁZARO”

2 Septiembre, 2017 creepypasta, miedo, terror

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Historia escrita por – Fernando Solano

– ¡Lázaro, ya levántate! – exclamó mi madre con un grito que llegaba hasta la calle.
– ¡Ya voy! – respondí.

Pero bueno, no sé porque mi madre insiste tanto en que yo vaya a la iglesia, no comprendo esa necedad por parte de los padres de tener que acudir a un lugar donde según es la casa de un dios todo poderoso que creo la tierra y todas las cosas que habitan en ella, incluyéndonos. El punto es, ¿por qué se aferran nuestras madres en acudir a dicho lugar?…

– ¿A qué hora Lázaro?, ¿crees que tengo tu tiempo? – decía mi mamá con un tono de molestia.
–  ¡Ya, ya, ya… vámonos! – le decía a mi mamá mientras caminábamos hacía la iglesia.

Bueno, ya estamos aquí en la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, lo único bueno, son las nieves de don Francisco, son riquísimas, creo que lo compensa la levantada de mi cama en domingo.

Volteó y me pregunto ¿qué hace toda esta gente repitiendo oraciones y cantándole a un personaje ficticio?, ¿Cómo es posible que se dejen manipular tan fácilmente?. La verdad es que la iglesia es fantástica, tiene muchos detalles bastante hermosos, pues como no, con todas las limosnas que recaudan de lunes a domingo se puede juntar bastante dinero como para poner cinco iglesias más.
El punto es que no creo ni en dios, ni en el famoso satanás, o como mi abuela lo llama: Lucifer. Se me hace tan patético que la gente pueda creer y temer a estos personajes tan falsos, pero bueno, cada quién es libre de creer lo que se le dé la gana.

– ¡Lázaro! – me dice mi madre, con un tono de murmullo:
Requiero que pases a recoger unos papeles  a la casa de tu abuela, ahorita que salgamos de misa.
– Esta bien – le respondí.

No sé por qué, pero la calle de mi abuela me pone un poco nervioso, sobre todo por la casa de a lado, esa vieja propiedad me causa bastante intriga. Su energía que emana me pone un poco mal, sus paredes grises y viejas me hacen tener pesadillas en las noches más tormentosas. Recuerdo que cuando era más chico, escuchaba historias un poco macabras acerca de su dueño. Lo poco que sé es que el propietario es un viejo veterano de guerra, que cuando regreso de pelear del centro de África, no volvió a ser el mismo, bueno eso dicen sus vecinos, sobre todo mi abuela.

– Toc, toc…
– ¿Quién es? – exclamaba una voz un poco cansada.
– Soy yo abuela, Lázaro. Vine a recoger unos papeles de mi mamá – le respondí.
– Pásale, hijo. Iré a buscar los papeles. ¿No quieres un vaso de té helado antes de irte?.
– ¡Gracias abuela!, pero tengo un poco de prisa. En ese momento no me quede con la duda y le pregunte: Abuela, ¿qué sabes del señor de la casa gris?
– Pues no mucho, hijo. Solo sé que es un viejo soldado que regresó, la verdad es que no tiene familiares, vive solo, muy pocas veces lo he visto salir, cuando sale, siempre se cubre con una capucha negra, como si no quisiera que le diera el sol. Pero, repito… solo lo he visto un par de veces, es muy reservado, y al parecer no le habla a nadie.
– ¿Qué antipático, no crees abuela?.
– Hijo, no lo podemos juzgar. Aparte recuerda que es una persona mayor, no tiene familia y aparte viene de la guerra, la guerra cambia a las personas.

Después de unos minutos mi abuela me dio los papeles, y salí de su cálida casa. Cuando iba pasando en frente de la casa gris, me pude dar cuenta que se movía la cortina de una de las ventanas que daban hacía la calle. En ese momento mi cuerpo se puso helado, como si una horrible tormenta de nieve me hubiera alcanzado. Cundo me di media vuelta me percate que una persona me pedía ayuda.

– ¡Auxilio, auxilio…!, que alguien me ayude – exclamaba una persona con una voz ronca al interior de la casa gris.

Cuando entré, me percaté que había un anciano de estatura pequeña, se encontraba tirado a un lado de una vieja mecedora.

– ¿Está bien, señor? – le preguntaba mientras lo ayudaba a levantar.
– SI, gracias por acudir a mi auxilio – me respondía con una sonrisa un tanto macabra.

Cuando lo coloque cerca de la ventana, pude ver su aspecto, el cual me estremeció. La piel de su rostro era pálida y azulada, como si no le hubiera dado la luz en meses, tenía el cabello blanco (el cual solo cubría algunas partes pequeñas de su cabeza), tenía una pequeña barba de chivo, pero sobre todo, lo que realmente me asustó fue su mirada penetrante y llena de maldad, eso ojos jamás los olvidaré, eran pequeños, de color amarillento, como si fueran dos canicas. Me quede petrificado…

– ¿Todo bien?.
– Si, todo bien.
– Te pregunto porque parece como si hubieras visto al mismísimo diablo en persona – me lo mencionaba el anciano con una sonrisa un tanto burlona.
– No señor, para nada. Todo bien, lo que pasa es que me sorprendió verlo tirado y darme cuenta que nadie estaba cerca para ayudarlo.
– No hay nadie, porque vivo solo. ¿Cómo te llamas muchacho?
– Lázaro, señor.
– Mucho gusto Lázaro, mi nombre es Lucio. Por cierto te agradezco mucho por tu ayuda.
– No hay que agradecer – le respondía con un poco de prisa.
– Lo siento, me tengo que ir. Que tenga usted un excelente día y tenga mucho cuidado – me encaminaba a  la salida, al mismo momento que me despedía.
– Hasta luego, Lázaro. Ya nos veremos más adelante – me despedía mientras una carcajada tenebrosa salía de su boca seca y pálida.

 Esa misma noche me encontraba pensando en lo que había sucedido, en la situación del anciano, pero sobre todo en el aspecto que tenía. Eran las 12:00 de la noche y no podía dormir, al recordar al anciano me causaba una sensación de miedo y ansiedad, tuve que tomar una pastilla para poder dormir. Esto no era normal.

Al día siguiente me preparaba para ir a la universidad, y seguía pensando lo ocurrido el día de ayer.

– ¡Lázaro! – gritaba mi madre.
– ¿Ahora qué mamá?.
– Estos no son los papeles que te pedí, saliendo de la universidad, quiero que pases de nuevo con tu abuela, y me los traigas – me decía mi mamá mientras yo hacía muecas de enojo y frustración.

Ya en la universidad…

– Oye, Lázaro. ¿Vas a ir a la casa de Michelle esta tarde? – me preguntaba mi amigo Roberto cuando salíamos de la clase de filosofía.
– No puedo, Roberto. Tengo que ir por unos papeles a la casa de mi abuela.
– ¿Te vas a perder la reunión?. Michelle va a estar esperándote.
– Lo sé, pero mi mamá me lo pidió. Voy hacer todo lo posible por llegar más tarde.

Llegando a la casa de la abuela, me encontraba con una nota de ella que decía:

“Lázaro, hijo… regreso a las tres de la tarde,  no te muevas de ahí. Besos, tu abuela Gloria.”

– Perfecto, ahora a esperar. ¿Así o más aburrido? – gritaba con enojo mientras pateaba una lata de refresco que se encontraba en la entrada del  pórtico de mi queridísima abuela.

De repente me di cuenta que la puerta de la casa de al lado estaba abierta. En eso me entro un momento de curiosidad, pero a la vez de miedo, sin embargo, no lo pensé más y entre, fue como si una fuerza de atracción tuviera poder sobre mí. Ya estando adentro me di cuenta que la casa estaba vacía, que lo único que había era la mecedora vieja del otro día, en medio de un símbolo muy extraño. La situación empezó a ponerse un poco tenebrosa ya que no había nadie. La casa estaba con poca luz, había un olor peculiar, una combinación de huevos podridos y humedad; de pronto…

¡Zaz!… – un fuerte ruido me hizo saltar como gato asustado.
¡Hola!, ¿cómo estás, Lázaro? – me preguntaba el anciano de la otra vez.

– Que tal… yo bien, este… perdón – yo respondiéndole en un tono un tanto nervioso y apenado.
– ¿Por qué te disculpas, Lázaro?.
– Porque entre a su casa sin ningún permiso, señor.
– No te preocupes, y no me digas señor, dime Lucio… Además recuerda, las puertas estarán siempre abiertas para ti – me lo decía el señor Lucio, mientras se le hacía una sonrisa en su rostro pálido.
– ¿Cómo está tu abuela, Lázaro?
– Bien, gracias. No se ofenda, ¿pero como sabe de mi abuela?
– No hay que ser mago para averiguarlo, digo soy su vecino, y te he observado. A mi parecer eres un jóven un tanto rebelde, pero inteligente. Alguien que quiere lograr alcanzar todas sus metas, de la manera que sea. ¿Es cierto  o me equivoco?
Me quede pensativo, mientras lo miraba fijamente con una expresión de incredulidad. – Yo creo que todos quieren alcanzar sus sueños más anhelados, ¿no lo cree don Lucio? – le respondía con un tono un tanto sarcástico.
– Por supuesto, sin embargo, no todos tienen la fuerza, y la valentía para asumir riesgos, y hacer sacrificios para alcanzar sus sueños más anhelados.
– ¿Qué estarías dispuesto a dar a cambio de alcanzar tus sueños, Lázaro? – me volvía a cuestionar Lucio.
– Lo daría todo, don Lucio. La realidad es esa, lo daría todo.
– ¿Hasta tu vida, Lázaro?
– Yo podría ser ese mentor que te llevará a cumplir todos tus sueños. Claro que todo tiene un precio – me hacía mención don Lucio.

 En ese momento en mi cabeza empecé a cuestionarme acerca de cómo un señor tan viejo y por lo que veía, tan pobre, me iba a poder ayudar a alcanzar mis metas que me había propuesto. Pero lo que me metió en controversia fue que me preguntara si estaba dispuesto a dar mi vida, pero bueno, lo tome como una clase de metáfora para ilustrar la perseverancia.

– ¿Dudas de mí? – me preguntaba, mientras interrumpía mis pensamientos de ese momento.
– Para nada don Lucio, ¿me está diciendo que usted podría ser mi mentor?
 – Si, si así tú lo deseas…
– Solo te recuerdo que nada es gratis en esta vida, que todo tiene un precio y se tiene que pagar…
– Pero por supuesto, ya decía yo. Nada es gratis – pensamientos negativos empezaron a invadir mi mente, mientras yo fruncía  mi rostro.
– Tranquilo, Lázaro. No te estoy pidiendo dinero. Ya después sabrás como quiero que me pagues. Antes que nada dime, ¿qué meta te gustaría cumplir en estos momentos?… Te demostraré de lo que soy capaz de hacer.
– Ok… – le respondí.
– Tengo una situación un poco difícil, requiero dinero para poder ayudar a mi mamá con la hipoteca de la casa. No sé cómo conseguirlo, he buscado trabajo, pero aunque tenga trabajo, sé que no será de gran ayuda – le explicaba a don Lucio, con un poco de escepticismo.

– ¿Cuánto es el dinero que necesitas?.
– Necesito la cantidad de $250,000.00 mil pesos para cubrir la deuda de la hipoteca.
– De acuerdo, regresa mañana después de la escuela – me decía, mientras se encaminaba a un cuarto un tanto obscuro dentro de la casa.

Al día siguiente hice las cosas que siempre, levantarme, desayunar, ir a la universidad, etc, sin embargo, en mi cabeza rondaba la cuestión de si ir o no a visitar a don Lucio. La verdad es que no sabía que hacer, mi escepticismo me planteaba la idea de que ese señor era alguien que no podría ayudarme. Deje de tener todo tipo de pensamientos negativos, y decidí ir a su casa, ¿qué podría perder?.

– Toc, toc…
– ¡don Lucio, soy Lázaro! gritaba con nervios, como si lo siguiente que fuera a pasar sellaría mi vida para siempre.
– Pasa, Lázaro. ¿Cómo te encuentras?.
– Bien, gracias.
– Muy bien, ¡toma! – en ese momento me entrego una especie de moneda de oro bastante grande.
– ¿Qué es esto? – le preguntaba, mientras admiraba dicha moneda.
– Es un doblón de oro, del tiempo de la Revolución de México.
– Ok, ¿Y qué haré con esto, don Lucio?.
– Bueno, Lázaro. Con este doblón podrás venderlo para pagar la deuda de tu mamá.
– Gracias, don Lucio. ¿Pero cómo se lo voy a pagar?.
– No te preocupes por eso ahora, ya me lo pagarás de alguna forma… como por ejemplo trabajo.
– Vete ahora, y haz lo que tengas que hacer, Lázaro. Te veo el lunes por la tarde para que me cuentes que tal te fue, y empezar tu entrenamiento.
– De acuerdo don Lucio, nos vemos – salí un tanto alegre, mientras me despedía de él.

Ese mismo día acudí a una casa de empeño, por lo cual resultó que dicho doblón de oro valía mucho más, era una pieza representativa de la época de la revolución. Pague la deuda de mi mamá y me sobro un poco de dinero. Mi madre, se encontraba un poco desconcertada, ¿de dónde su hijo había sacado tanto dinero?. Yo le conté la verdad, le dije que le pagaría al señor con trabajo, sin embargo, ella no me creía, y pensaba que andaba en malos pasos.
Llegó el lunes, y la realidad es que estaba ansioso de ir a ver don Lucio, ¿esto sería el principio de algo bueno, o sería algo momentáneo que no valía la pena invertir tiempo?. No importaba, yo me dirigía a la casa de este señor.

– Don Lucio, ¿cómo está, soy Lázaro?
– Lázaro, que tal. Pasa, te estaba esperando. ¿Cómo te fue con el doblón de oro?
– Muy bien, gracias. A eso vengo, ¿cómo será la forma de pagarle? – le preguntaba a don Lucio.
– Ya te  lo había dicho, Lázaro. Con trabajo y dedicación, recuerda que hiciste un compromiso conmigo, yo te enseñaría todo lo que sé y tú harías todo lo que te pidiera.
– Claro don Lucio, no se me olvida. ¿Qué tengo que hacer? – le preguntaba con curiosidad.
– Bueno, antes que nada me tienes que firmar este contrato de trabajo, si puedes leer los términos…

En ese momento me quede congelado, solo había tres términos en el contrato, y decían de la siguiente manera:

1 ESTE CONTRATO SOLO ES VALIDO EN MUTUO ACUERDO POR AMBAS PARTES, SELLADO POR UNA GOTA DE SANGRE.

2 POR NINGÚN MOTIVO SE PUEDE DESHACER DICHO CONTRATO, A MENOS QUE UNA DE LAS PARTES DEJE DE HABITAR EL MUNDO TERRENAL.

3 LA INOCENCIA ES TU TRIBUTO, TU VIDA ME PERTENECE.
NOTA: PREPARATE PARA RECIBIR UNA VIDA LLENA DE PASIONES, RIQUEZA Y PODER.

Cuando terminé de leer no podía creer lo que decía, incluso llegue a pensar que era una broma.

– ¿Todo bien?, me preguntaba don Lucio.
– Si, todo bien… bueno en realidad tengo duda en todo… emm ¿supongo que todo es simbólico, o no don Lucio? – le preguntaba un tanto nervioso.
– Claro, que todo es simbólico. Recuerda que hicimos un acuerdo. !Toma!- en ese momento me dio una vieja daga de oro – córtate un dedo y firma, Lázaro
 -.En ese momento no lo pensé, tome la daga y firme con mi sangre. No sabía que me estaban pasando, solo lo hice.
– Excelente, Lázaro. Ahora somos socios. Regresa mañana, empezaremos tu entrenamiento. ¡Toma y sal de aquí! – en ese momento me dio una especie de amuleto, el cual tenía varias yerbas con una especie de amarre con un pequeño lazo un tanto desgastado.

Esa misma noche tuve un par de pesadillas, en una veía quemarse viva a mi familia (a mi mamá, hermana y abuela), y en la otra me encarcelaban por un par de asesinatos que según yo había cometido. Cuando desperté precisamente a las tres de la mañana sentía una gran ansiedad y estaba sudando frío. Me percate de algo bastante raro, mi armario estaba abierto, en el cual pude visualizar una sombra humanoide, como si alguien estuviera observando cada uno de mis movimientos, no puse demasiada atención y me  dedique a volver a dormir.
A la mañana siguiente me levante, y cuando me iba a meter a bañar me di cuenta de unos rasguños que tenía en al parte izquierda de mi espalda baja, me qude un poco aturdido ya que no recordaba si me había rasguñado con algún objeto, lo más raro era que parecía haber algo escrito, sin embargo, no podía entender el tipo de lenguaje. Cuando llegue a la universidad me sentía bastante cansado, lo peor es que no estaba de ánimo para entrar a clases, había decidido pasar un rato en la cafetería; Michelle me convenció a pasar un rato en la alberca del campus. Cuando entramos a nadar me percate de la expresión de Michelle, la cual tenía aspecto de miedo y nerviosismo.

– ¿Qué te pasa, Michelle? – le preguntaba con un tono un poco molesto.
– ¿Crees que es un juego, Lázaro?… respeto mucho si crees o no en Dios o en el diablo, pero no es motivo para que te burles… – me respondía de una manera bastante molesta.
– ¿De qué me hablas, Michelle? – la cuestionaba un tanto nervioso.
– ¿Ya viste lo que traes escrito en tu espalda?, está escrito en latín, ¡no es posible que no te des cuenta!.
– Dice: LUCIFER, ALIA IN TENEBRIS VIVAT REX (protegido de lucifer, viva el rey de las tinieblas)

En ese momento no supe que decirle, me quede congelado, ¿cómo diablos había aparecido eso en mi espalda?. No sabía realmente que estaba pasando, ¿esto era un sueño?… estaba bastante asustado, salí de la alberca y corrí a cambiarme.
Después de salir de la universidad no sabía que hacer, quería respuestas, pero no sabía a dónde acudir, sin embargo, me llego una idea a mi mente, la cual era a visitar a don lucio, tal vez el sabría que estaba pasando, y me podría ayudar.

– Don Lucio, don Lucio… – gritaba yo afuera de su casa.
– ¿Qué pasa, Lázaro?.
– Mire lo que tengo en mi espalda… – en ese momento que le mostraba mi herida, se dibujó una enorme sonrisa en el rostro de don Lucio.
– ¿Qué le pasa? – le refute con un tono de molestia.
– Te tengo que explicar todo. Esto es parte del pacto que hicimos.

En el momento que entramos a la casa, entramos al área de la sala, donde había una especie de signo bastante raro, me colocó  en medio y me dijo:

– Eso que traes en tu espalda es una huella, un signo de pertenencia. Fue hecho por tu centinela. – me explicaba don Lucio.
– ¿Centinela?.
– Si, centinela. A partir de que hiciste el pacto (firmaste el contrato), un sin fin de entidades un tanto demoniacas fueron alertadas, por ende es posible que algunas de ellas te molesten, sin embargo, no te preocupes por eso, ya que tu centinela te protege, esa es su función – me explicaba a detalle don Lucio.
– ¿Pacto?, ¿entidades demoniacas? – me hacía muchas preguntas en mi cabeza.
En ese momento no sabía que decir, ni que pensar, ¿todo esto era verdad?. Yo jamás he creído en fantasmas, espíritus, demonios, etc. ¿Cómo yo había entrado en este mundo tan fantasioso?. No sabía diferenciar si esto que estaba pasando era un sueño, la realidad o una broma bien jugada.
– Lázaro, te explico. Te diré quien soy, cual es mi historia – don Lucio me interrumpía, mientras yo me seguía haciendo preguntas al azar sin encontrar una respuesta congruente.
– Soy Lucio, mi nombre completo no importa en estos momentos. Pertenecí a el Sayaret Matkal, unidad de elite de las fuerzas especiales del Estado de Israel. Trabajé en varias misiones de reconocimiento e inteligencia militar. En una de las últimas misiones que me fue asignada, me solicitaron ir a un pequeño pueblo en Nigeria. La misión fue un completo fracaso, por lo cual tuve un accidente muy fuerte, estaba a punto de morir, sin embargo, un amigo que pude hacer en dicho poblado, me llevo con un viejo brujo lucumi, descendiente de los antiguos Yorubas. Estando ahí con él, el anciano me hizo dos preguntas (las dos preguntas más importante de mi vida): ¿Deseas vivir?, si es así… ¿Deseas servir al verdadero amo de la tierra?, por lo cual mi respuesta fue que si a las dos preguntas. Cuando desperté, me encontraba en un poblado cerca de la capital de Nigeria, en una vieja cabaña. Me sentía como si nada me hubiera pasado, mi estado físico era fuerte y con mucha vitalidad, en mi brazo izquierdo tenía un brazalete de caracoles amarrado con un hueso. Para no hacer larga la historia, no volví con los militares, me dedique hacer negocios por toda África y Asia, me fue muy bien, obtuve grandes riquezas, poder y sin fin de mujeres. Claro que todo eso fue cosecha de servir al único amo de la tierra, y por supuesto que todo tiene un precio que se debe de pagar… – me decía don Lucio, mientras sacaba un brazalete compuesto por pequeños caracoles, de un viejo y pequeño baúl.
– Lázaro, para poder acceder a todo ese poder y riqueza, debe ser transmitido por un mentor con conocimientos místicos antiguos de los Yoruba. Tienes suerte de que yo tenga dicho conocimiento, y te lo transmita. Tú aceptaste recibirlo cuando firmaste el pacto. También te quiero decir que al aceptarlo te abres a la posibilidad de que te ataquen muchas entidades de distintos planos, es por eso que tuve que asignarte un centinela para que te proteja en las noches de cualquier alma obscura – continuaba explicándome don Lucio.
Me costaba trabajo digerir todo lo que me estaba diciendo, sin embargo, me empezó a inundar una fuerte ansiedad, combinado con una extraña sed de poder y maldad.

– ¿Alguna pregunta, Lázaro?.

En ese momento se apodero una fuerte energía, la cual creaba pensamientos de avaricia, poder y ego – Si, ¿qué tengo que hacer para acceder a todo eso? – le responda.

– Me agrada que preguntes, tienes que realizar tres tareas. Al finalizar la tercera, podrás acceder a todo el conocimiento, pero sobre todo, al gran poder del amo.
– Comprendo, ¿cuál es la primera tarea?.
– ¡Tienes que quemar tu casa! – me exclamaba don Lucio.
– ¿Qué?… ¿está usted loco?… ¿no le pedí dinero para poder pagar la hipoteca de la casa?, para que después usted me diga que la tengo que quemar. Aparte, es la casa de mi mamá, ¿dónde viviremos?. Sabe, usted está loco, yo no pienso hacer ninguna de esas locuras.

En ese momento don Lucio se me quedo viendo con una mirada penetrante, como si quisiera matarme y quemarme vivo a mi – Repito, Lázaro. ¿Dudas del poder del amo? – me preguntaba don Lucio, con un tono agresivo.

– Si no lo haces, habrá graves consecuencias, si lo haces habrá todo lo contario.

Esa misma noche, me levanté un poco antes de la una de la madrugada, me dirigí a la cocina, le abrí a las llaves del gas y la estufa. Corrí hacia al cuarto de mi mamá y mi hermana para alertarlas del olor a gas.

– ¡Mamá, mamá!, huele mucho a gas. Tenemos que salir de aquí. Voy por Natalia – yo gritaba, mientras entraba al cuarto de mi pequeña hermana y la sacaba de la cama.

Unos minutos después, la casa estalló, derivado de dicha fuga. Nos encontrábamos asustados. Llegó todo el mundo, bomberos, policías, etc. Terminamos llegando a la casa de la abuela, como a las siete de la mañana. Horas después los bomberos habían confirmado la fuga de gas como causa del incendio. Mi mamá se encontraba en estado de shock, yo no sabía que hacer. Lo más prudente era ir a ver a don Lucio para saber cuál era el propósito de lo que  había hecho.

– ¡Toc… toc…!, don Lucio, ábrame, soy Lázaro.
– Pasa, Lázaro. ¿Cómo te fue?.
– Hice todo lo que me dijo, quemé la casa, no se que hacer… – se lo decía en un tono triste y deprimido.
– De acuerdo, acabas de superar la primera prueba. Debemos prepararte para la siguiente prueba  – me comentaba don Lucio, con una sonrisa burlona.
– Lázaro, ¡bebe este té! – me decía, mientras me daba una pequeña taza con un contenido con olor un poco fuerte y penetrante.
Pasamos a un cuarto obscuro, en donde se encontraba una vieja silla de caoba, con algunas amarras de cuero; estaba rodeada por velas negras y blancas, al rededor había una signo bastante raro, como una estrella
 – Siéntate, Lázaro – me ordenaba don Lucio, mientras me ataba los brazos y las piernas con las amarras.

No lo pensé dos veces y me senté. No sabía que estaba haciendo. Mi cuerpo no le hacía caso a lo que le ordenaba mi cabeza. Sentía que mis músculos empezaban a ponerse calientes, y como si miles de hormigas estuvieran caminando dentro de ellos.

– Don Lucio, ¿qué está pasando?… ¿qué contenía ese té?, ¡ya no quiero hacer esto! – yo exclamaba con tono de miedo.
–  Tranquilo, Lázaro. Todo es parte del ritual.
 En ese momento don Lucio empezó a decir algunas palabras en latín que yo no llegaba a entender:
– OFERRO TIBI SACRIFICIUM PECCATRICEM. UT MEUS IN TE, REX TENEBRIS (te brindo esta alma pecadora como ofrenda. Para garantizar mi lealtad hacia ti, rey de las tinieblas).
Dentro del cuarto empezó a hacer mucho mucho frío, el aire que se respiraba  era como el que se encuentra en un panteón en la noche más obscura. Llegó un momento en donde me quede totalmente dormido, y ya no supe que pasó después.

– ¡Lázaro, Lázaro!… despierta – me decía don Lucio mientras me levantaba del suelo.

Yo no comprendía como había llegado al suelo, si hace algunos instantes me encontraba amarrado en la silla.

– ¿Cómo te sientes?.
– Me siento un poco mareado, ¡no sé qué pasó…! – le respondía mientras me volvía a sentar en la silla.
– ¡Estás preparado para la siguiente prueba! – me afirmaba don Lucio, con una extraña sonrisa en su cara.
– ¿De qué se trata?.
– Tienes que traerme un sacrificio… Tienes que quitarle la vida a uno de tus enemigos, por lo cual me traerás el cuero cabelludo como prueba de lo que lo hayas hecho.

Yo no sabía que pensar, ni que decir. Esto estaba llegando demasiado lejos, no sabía si seguir adelante o dejar todo a un lado. Aunque me inundaba una sensación de maldad, de ansias por hacerlo, ¿qué me estaba pasando?.

– Pero yo no tengo  enemigos, ¿a quién le podría quitar la vida?.
– En su momento sabrás a quien quitarle la vida.

Ha pasado un mes desde mi último encuentro con don Lucio, no he tenido pesadillas, y todo va mejor desde el incendio. Me siento tranquilo, con más energía y vitalidad. Todo me está saliendo bien, subí mis notas y mi relación con Michelle es mejor. Al parecer el terreno donde estaba la casa ha subido su plusvalía, y mi madre le sacará un gran provecho. Aunque mi conciencia no me deja en paz, se que tengo un compromiso con don Lucio, como si algo me incitara a ir con él. Tengo que ir…
Me molesta mucho que se le acerquen a Michelle, sobre todo ese tarado de Miguel, yo sé cuáles son sus intenciones con ella. Digo, si sabe que tiene novio, como porque se le acerca, no me molesta que busque su amistad, pero al parecer busca algo más que ser amigos. No pretendo expresar mis celos, sin embargo, tengo enojo guardado en mi interior, un gran ímpetu de hacer algo con respecto a Miguel, espero que no llegue a mayores, porque si no, tendré que tomar cartas en el asunto, y  no le gustará averiguar lo que le va a suceder si sigue insistiendo tanto. Esa misma noche mi amigo Roberto hizo una pequeña despedida para André, un compañero francés que vino de intercambio a nuestra escuela. Pasé por Michelle, y llegamos a la casa de Roberto en punto de las diez de la noche. Todo iba bastante bien, algunos tragos, baile, junto con los besos y abrazos de mi chica. De pronto creí que era el momento preciso de ir al baño, cuando regresé me di cuenta que Miguel tenía a mi novia tomada de la cintura, me dio mucho coraje, sobre todo porque ella no le puso un alto. Empezaron a correr pensamientos de venganza y muerte por mi cabeza, como si algún demonio inundara todo mi ser y me controlara. Aproveché que Michelle se había ido al baño, me acerqué a Miguel y le dije que quería hablar con él a solas, no antes ya había tomado un cuchillo de la cocina de Roberto. Cuando nos encontramos afuera, hice que nos encamináramos a un terreno que tenía una propiedad vacía, ya estando ahí le solicite que no se le volviera acercar a mi novia, ya que sabía que lo que el quería era más que una amistad… – Miguel, te digo de la manera más atenta que no te acerques a mi novia, yo se que tu intención es ser más que amigos, y la verdad es que tampoco eres de mis personas favoritas. – Jajajaja… lo siento mucho, Lázaro… pero me dan risa tus comentarios – me decía Miguel. – Te lo comento, y te lo vuelvo a advertir, Miguel. No te acerques a ella, ¡si no será lo último que hagas en la vida! – exclamaba yo con un tono de enojo y venganza. En ese momento se volvió a mofar de mis comentarios, no tuve otra alternativa, la sangre fluyó hacia mis manos, por lo  cual enterré el cuchillo que traía en su pecho, cuando lo hice me sentí la persona más fuerte y poderosa del mundo, en ese momento sentí que nadie me podía detener. Arrastré el cuerpo y lo deje en un sótano de aquella propiedad abandonada. Después tome su cabeza y le quite parte de su cabello con todo y cuero cabelludo. Envolví el cuchillo en un viejo pañuelo que cargaba. Regresé a la fiesta, tenía ventaja, nadie se había percatado que yo había salido a hablar con Miguel. Cuando entré, Michelle preguntó que a donde me había ido, no me quedo otra más que decir que había ido por cigarros, pero que ya no había encontrado la tienda abierta. Ya en la casa de Roberto me dirigí hacía la cocina para lavar el cuchillo y dejarlo en su lugar, aquí no había pasado nada, todo estaba bien, me sentía el rey del mundo. Quitar una vida en ese momento, me hizo dar cuenta que era una de las situaciones que más me había dado placer en todo lo que llevaba en este planeta llamado Tierra.

Al otro día, esa misma tarde trate de distraerme, y decidí acudir con don Lucio. Que raro, la casa se ve aún más dañada que antes, tiene más fracturas en sus paredes viejas, y da la fachada de que no tardará en caerse. – Toc, toc… don Lucio, ¿está ahí? – al parecer no hay nadie -. La puerta está abierta, como es posible que la deje así, digo, no hay muchas cosas que robar, ni artefactos de valor, pero siempre hay que tomar precauciones, así seas el mismísimo diablo.
– Don Lucio, ¿está ahí?… En ese momento escuche algunos ruidos que venían del sótano de la casa. No lo pensé y entré. Cuando iba bajando las escaleras me llego un olor a perro muerto, como si algo o alguien se estuviera pudriendo. – ¿Hay alguien aquí? – preguntaba yo.
– Lázaro, adelante. No te oí llegar.  ¿ Cómo haz estado? – me preguntaba don Lucio, con una voz ronca y un poco cansada. Se encontraba sentado en un viejo sillón de color rojo y con un puro en una mano derecha.
– Todo excelente, sabe… usted tenía razón. Ayer llegó el momento, y lo hice. Traigo lo que  me pidió como prueba del hecho -. En ese momento saqué de una pequeña bolsa negra el cuero cabelludo de Miguel.
Don Lucio lo tomó y empezó a reír a grandes carcajadas, como si hubiera escuchado el mejor chiste del mundo. – ¿Por qué se ríe? – preguntaba yo.
– La verdad es que no pensé que tuvieras el valor de hacerlo, pero me haz demostrado que no eres cualquier persona. Eres un digno merecedor del poder que estás apunto de obtener.

 Me quedé pensativo, y luego le pregunte: ¿cuál es la tercera prueba?. En ese momento, observé a don Lucio, nunca había visto una mirada tan penetrante, de esas miradas que congelan el corazón. Que cuando la ves te quedas perplejo, se te inmovilizan los músculos, los sentidos se vuelven irreales y con falta de credibilidad.

 Don Lucio me siguió observando y exclamo:  ¡Esto va más allá de quemar una casa o asesinar a alguien. Para poder obtener los grandes favores del rey de las tinieblas y de este mundo. Es entrar al mismo infierno en la tierra!, ¿estarás preparado para eso…?

Historia escrita por – Fernando Solano

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El Arbol Negro

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Jessica formaba parte de la tercera generación de Belteré, y recordaba perfectamente el día en que habían cerrado la central térmica. Durante años, la central había resistido los envites de la prensa y las asociaciones medioambientales que estaban en contra de sus agentes contaminantes vertidos a los cielos, los filtros de las chimeneas en mal estado y un sin fin de normas de seguridad violadas por la compañía. Pero la mañana en que el roble de la plaza de la iglesia apareció teñido por completo de negro, y su subsiguiente revuelo viral en la red, fue el último golpe de gracia necesario para que el mundo entero se le viniera encima. Irónicamente, el fin de la central térmica fue también el final de la expansión de la ciudad. Jessica lo recordaba, y también recordaba que aquel árbol le parecía el más bello que jamás hubiera visto. Muchas noches de otoño se escapaba con su sudadera negra vieja y sus cascos, a escuchar música apoyada contra su negra corteza, con las ramas negras como el carbón bailando sobre su cabeza, dejando ver entre medias alguna estrella lejana.

Jessica había vuelto a la ciudad escapando de los problemas, nada raro o excepcional.
Se había divorciado, la habían despedido, y al pasear entre los viejos postes de teléfono de los alrededores de la ciudad rumbo a casa de sus padres, se recordaba a sí misma hacía cinco años. Recordaba todos sus sueños, sueños que aún poseía, pero que había ahogado con una huida prematura y una boda prematura. Siempre había huido, incluso por las noches huía cuando se dirigía al árbol negro.

Llegó hasta la entrada de su antigua casa. Dentro la estaban esperaban para cenar, pero decidió huir una última vez. Se soltó la melena negra, se ajustó la sudadera, se colocó los cascos, deslizó su dedo hasta la pestaña que ponía “reproducir” en la pista de audio que llevaba por nombre “rock-árbol-negro”, y se dirigió a la plaza de la iglesia. Las calles estaban desiertas, pues los martes a las once apenas había ya movimiento salvo el de algún camarero guardando las mesas y sillas de las terrazas. Era otoño, las avenidas estaban desiertas, y el aire era frío, pero no demasiado, lo suficiente para ser disfrutado. Jessica sonrió, siempre le gustó imaginarse así, por la calle, con su sudadera y música al borde del fin del mundo. Con tales pensamientos, Jessica se topó de frente con el árbol negro. Se colocó la capucha y se sentó apoyando el cuerpo contra la corteza negra. El árbol seguía igual de negro, ni siquiera había perdido las hojas como era lo natural en aquella estación. Miró por entre las ramas, pero el cielo estaba nublado y no se veían las estrellas. La música cesó, pero sólo porque la estaban llamando desde casa. Desvió la llamada, y la música continuó. Vio a lo lejos que la niebla comenzaba a descender sobre la ciudad.

Es perfecto-pensó Jessica.

Otoño, frío, niebla, su música, su sudadera y su árbol negro, pues aquel árbol era para ella, suyo. Y en parte, a ella le gustaba pensar que también era de él.

Ya no había camareros recogiendo, ni maridos con cara de resignación paseando perros diminutos. Estaba sola y la niebla ya estaba sobre ella, la rodeaba sobre aquel islote de negrura sólida que era el árbol. Miró a los lados y únicamente veía niebla, pero al mirar de frente, se le heló la espalda, había una silueta humana entre la niebla, frente a ella.
Sólo estará mirando el árbol- pensó.

Pero de pronto, aquella figura negra se hizo más grande. Se estaba acercando, corriendo muy rápido, aunque correr no sería la palabra adecuada, ya que sus movimientos se desarrollaban como si sus articulaciones estuvieran atrofiadas, y si con cada zancada todo sucediera a modo de diapositiva. Pero cuando ya casi estaba sobre ella, aquella sombra chilló haciendo que los tímpanos de Jessica rechinaran. Se levantó del suelo jadeando con la mano en el corazón, sudando y con los ojos muy abiertos. Sus cascos colgaban sobre su sudadera con la música sonando. Miró a ambos lados, y vio alguna sombra más como la otra, moviéndose alrededor del árbol.

Hizo lo único que fue capaz de hacer, reclinarse y esperar a que se solucionara por sí solo. Y así estuvo hasta pasadas las tres de la mañana que la niebla se disipó. Las calles y las plazas volvían a ser igual de vulgares, hasta el cielo estaba despejado y se veían las estrellas. Seguía intranquila, y sin valor para moverse, hasta que vio levantarse una persiana, y a una señora mayor con la cabeza asomada por la ventana encendiendo un cigarro; aquella escena tan vulgar y sencilla, le infundió valor, pues ante lo extraño y terrorífico, lo cotidiano y vulgar es la mejor medicina. Se dijo a sí misma, aunque sin creérselo, que se había quedado dormida, y que todo había sido una pesadilla muy vívida; una pobre explicación, pero el miedo hace que te creas cualquier pobre explicación.
Miró el móvil. Estaba apagado. Probablemente se había quedado sin batería hacía mucho. Sus padres se habrían preocupado más, si no conocieran a Jessica y sus costumbres.
Volvió sobre sus pasos, aunque ya no poseía la gloriosa sensación de antes. Se paró en seco, y se tuvo que sujetar a una farola vieja y oxidada. Las lágrimas corrieron en torrente sobre sus mejillas, ¿A dónde huir si no tienes a dónde ir?. Aún con el rostro enrojecido, se acercó a una placa de metal pulido que había sobre una roca en la plaza del ayuntamiento. Se cruzó de brazos como si quisiera abrazarse a sí misma y leyó:

En memoria de las victimas que dejaron su vida en la central térmica de Belteré.

Vuestras familias y vecinos no os olvidan…

-Seguido de los nombres-

El accidente había sucedido poco después de la prejubilación del padre de Jessica.
Ella había oído la noticia en el telediario, y lo cierto es que no le había afectado demasiado. Un escalofrío recorrió su espalda de nuevo al pasear la vista por los nombres de la placa y recordar el grito de aquella sombra bajo el árbol negro.

La noche estaba perdida. No había ningún lugar ni emoción o recuerdo en el que esconderse. Regresó a casa. Sus padres dormían. Tenía una nota sobre la nevera. Le habían guardado la cena. Se la llevó a la habitación, y la miró sobre su viejo escritorio pero sin probarla. Encendió el ordenador y comenzó a escribir lo que había visto bajo

el árbol negro, como hiciera años atrás cuando escapaba a la plaza para sentarse contra su corteza, pero claro, aquella vez sería muy diferente.

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Mi chica

#terrorinternet #creepypasta

Su nombre es Jessica. Tiene veintiséis años, y es mi chica. Nunca había creído en el amor a primera vista hasta que la conocí. Fue un día lluvioso en septiembre del año pasado. Estaba sentándome en la parada del autobús, esperando que la lluvia parara para continuar mi caminata al apartamento, cuando se sentó en la banca a mi lado con su periódico.

No pude evitar mirarla por un momento demasiado largo. Creo que sintió que estaba mirándola, porque me miró con sus grandes ojos azules y su pelo oscuro cayendo en su cara. Me enamoré de ella inmediatamente. Hablamos por un rato; se veía nerviosa porque su autobús estaba atrasado. Finalmente llegó diez minutos después, y me metí en él con ella para que pudiéramos continuar nuestra conversación. Nos llevamos bien rápido. La vi bajarse en su parada, caminar a su casa y entrar. Luego caminé al apartamento con mariposas en mi estómago.

Me mudé con Jessica unos dos meses después de conocernos. Ambos éramos tan felices. Ella solía cantar tan hermosamente cuando se preparaba para el trabajo en las mañanas, cuando cocinaba la cena, cuando llegaba a casa, cuando se preparaba para ir a dormir. Sentía mariposas de nuevo cuando sonreía. Nunca imaginé que podría ser tan feliz.

Hacíamos todo juntos. Íbamos al cine, corríamos en el parque y amaba mirarla jugar videojuegos. Nunca había sido un fanático, pero mirarla jugar siempre era tan divertido. La vida se veía tan perfecta.

Así fue hasta que su madre falleció tres meses después de que me mudé. Jessica empezó a aislarse luego de eso. Se volvió tan deprimida que pasaba días en su casa sin moverse, sin dormir. Cuando dormía, gemía suavemente y balbuceaba cosas sin sentido, despertándose en pánico. Nuestra casa ya no contaba con el eco de su hermosa voz. Fue reemplazada con los sonidos de su llanto, desde lloriqueos gentiles hasta horas de sollozos altos. Su dolor podía escucharse desde cada cuarto de la casa. Casi nunca se iba, y sus amigas dejaron de venir; se negaba a abrir la puerta cuando tocaban. Se encerró en la habitación. Me daba tanto miedo dejarla sola que llamé a mi jefe y renuncié. Nunca le conté, pero nunca preguntó.

Me sentí tan atrapado. No podía irme. No podía comer. Dormía cuatro horas por noche con suerte. Demonios, si tenía que ir al baño, lo aguantaba hasta tener miedo de hacerme encima. Si no estoy mirándola, ella quizá… No quiero pensar en lo que pueda hacer. Trato de seguir con la vida y tener una actitud positiva. Vivo con el amor de mi vida, y cuando duerme, me levanto para acurrucarme en la cama con ella y sostener su mano mientras la abrazo, esperando que mi tacto quizá la reconforte.

En estos últimos meses, Jessica se ha vuelto paranoica. Clama que está siendo vista por el fantasma de su madre. Va cuarto por cuarto, gritando: «Mamá, sé que estás conmigo. Por favor, muéstrate. Te extraño mucho». Rompe mi corazón verla y escucharla hablando con cuartos vacíos, pero parece reconfortarla en formas que yo no puedo hacerlo. Parece que puede relajarse más; debe ser terapéutico. Ha empezado a sentirse bien dejando la cama, y luego saliendo de casa. Empezó a cantar de nuevo; suavemente y con voz temblorosa al principio, pero ahora su voz es casi la misma que antes. No tanto, pero cerca. Cree que al fantasma de su madre le gusta escucharla. Supongo que debo dejarla continuar con su ilusión. Parece que ayuda, y ahora a veces tengo tiempo para salir por aire fresco y comida. Supongo que también me ayuda.

Sin embargo, se ha vuelto olvidadiza. La escucho siempre hablando consigo misma. «Juro que puse mis pantuflas junto a la cama», o: «¿Ya me comí ese espagueti?». Culpa al fantasma por mover sus cosas, creo. Empezó a volverse más locuaz, hablando por teléfono con sus amigas. Les dice que escucha sonidos en la casa cuando está sola. Dice que tiene que ser su madre cuidándola, ¿cierto? Nunca escucho las respuestas de sus amigas, y nunca pregunto. Solo continúo, mi amor por ella nunca decayendo.

Ayer le dijo a una de sus amigas que, por un largo tiempo, ha sentido que la están mirando. Encontró un agujero pequeño, casi tan grande como un lápiz, en el techo de su habitación. Mientras paseaba por la casa, encontró al menos uno en el techo de cada cuarto. Escuchó un sonido en el ático, pero se convenció de que solo era un mapache, una ardilla o algo así.

Gracias a Dios que no ha venido al ático. Porque no sé lo que haría si me encontrara aquí, siempre mirándola desde los agujeros en su techo.

Historia escrita por – SleepDeprivedPuppy
Traduccion – Spoby

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El tratamiento para perder peso más increíble DEL MUNDO!!!

#terrorinternet #creepypasta

ADVERTENCIA: Lo Que Se Publica En Esta Pagina, Tiene El Fin De Entretenimiento.
NO! Se Recomienda Recrear (Hacer) Ninguno De Los ”Rituales” Que Se Encuentran En Este Sitio.
ATTE: Kevin Mendoza

Bien, esto es más que todo para las damas, porque estamos llegando a la primavera y la primavera es temporada de dieta porque solo quedan unos meses para el verano. Tropecé en esto mientras que hacía el trabajo para mi curso de la biología y en parte haciendo la investigación en internet y aunque era muy cansado me funciono como si fuera magia.

Un poco de trasfondo: era rellenita desde que estaba en la escuela secundaria. no masivamente obsesa, pero definitivamente tenia más de 5 o 10 libras de sobrepeso. Aparte de eso no era fea ni nada, y me podía arreglar bien si quería, pero con ese peso adicional era muy difícil conseguir una cita, y eso no me agradaba mucho que digamos. Me gusta ir de fiesta, me gusta salir y divertirme y estar cerca de la gente, y mi cuerpo realmente me limitaba, y tienes que creerme cuando digo que lo intente todo, dietas sin carbohidratos, solo frutas, veganismo, también hice unas cosas innecesariamente peligrosas como el mastica y escupe (nunca me pude obligar a vomitar) o simplemente matarme de hambre, nada de eso funciono nunca.

De vuelta al presente, estoy en la universidad, y estamos viendo una unidad breve sobre parásitos, se exactamente lo que están pensando, y si, lo admito: el segundo en el que descubrí que podías usar parásitos, como, lombrices solitarias y eso, en forma de una medida para perder peso, me puse a investigar de inmediato.

La cosa es que, en realidad no es tan peligroso como dicen que es?

Leí muchos foros, y parece que solo hay dos tipos de complicaciones con las que las personas terminaron, o sobre compensaban por lo que perdían y terminaban ganando peso al final, o se lo dejaban por mucho tiempo y hacia una salida por su propia cuenta y terminaban teniendo que ir al hospital, me tomo mucho estudio y mucha planificación cuidadosa, pero eventualmente más o menos entendí como era que podías lograr un punto medio y no cagarla mucho, el truco parecía ser matar de hambre al pequeño desgraciado, pérdida de peso máxima, pues estarías quemando grasa, y (con suerte) ninguna de las complicaciones.

Me doy cuenta de lo mal que suena, en serio lo sé, aguanten un poco!

Parece ser que no puedes COMPRAR parásitos para infectarte con ellos en Amazon, ese fue mi primer contratiempo, me tomo un par de semanas, y al final tuve que publicar un anuncio en craigslist antes de que tuviera alguna pista en lo absoluto, cuando al fin picaron el anzuelo, tuve que reunirme con este tipo en un motel asqueroso en el centro para cerrar el trato, me los lleve de ahí mismo, es definitivamente raro pensar que te estas introduciendo intencionalmente un parasito como una lombriz solitaria en tu cuerpo, raro y me dio todo tipo de asco al comienzo, pero lo superas eventualmente.

Ayudo que el tipo al que se lo compre era muy agradecido y entusiasta, algo pervertido, pero ya me lo esperaba de craigslist.

Termine teniendo que volver con el dos veces más por dos meses, parece ser que a veces tu cuerpo combate una infestación como esa, luego del tercer intento al fin funciono, lo sé porque me estaba haciendo pruebas obsesivamente que estaba (lo admito) robando de mi laboratorio de biología, para entonces ya habíamos terminado la unidad sobre los parásitos, así que nadie nunca sabría que hacían falta.

Así que cuando empieza la pérdida de peso mágica? no es DE INMEDIATO, toma un tiempo para que tu nuevo amigo se acomode y te empiece a robar los nutrientes, te VAN a dar nauseas, no se puede evitar, al principio las mías eran tan malas que empecé a dejar un bote de basura al lado de mi cama para que en la mañana pudiera rodar al costado y vaciar mi estómago ahí mismo.

Pero pasa, luego de unas semanas!

Te conviene empezar a tomar vitaminas rápido, admito que también reduje las calorías que comía durante ese tiempo, probablemente mas de lo que debí haberlo hecho, porque estaba paranoica de que comiera mucho y supuse que mientras estuviera defecando las multivitaminas no me desnutriría tanto como para terminar súper enferma.

Y pues, funciono por completo! lo admito, hubo un punto cuando experimente un poco de debilitamiento de cabello porque aparentemente no estaba tomando suficientes vitaminas  esto fue después de los dos meses? empecé a añadir más proteína en polvo a mi dieta para compensarlo un poco, no sé si ayudo o no pero nunca me quedo ningún espacio calvo asi que estuvo bien.

Aquí el asunto de hacerlo de esta forma: los resultados si toman algo de tiempo. Pero te PROMETO que funciona,  va a variar un poco, de chica en chica, por un montón de cosas, pero si lo haces bien en algún punto el peso literalmente se va a derretir de tu cuerpo, para mí fue luego de… cinco, seis meses?

me dio un poco de miedo y me dolió cuando me di cuenta de que el parasito al fin se murió y se estaba saliendo, me salte una clase para meterme en el baño mientras pasaba, y una vez que las partes solidas salieron el resto de líquidos retenidos se salieron a la semana, cuando ya todo estaba dicho y hecho había perdido 20 libras y luego de otro mes o dos de una buena dieta y muchas vitaminas me estaba sintiendo lo suficientemente bien como para ir a clases de nuevo de forma regular.

La cosa es que, no creo que te quieras arriesgar a estar infectada por más tiempo del que yo lo hice después de ese punto, el feto se ha desarrollado tanto que se comienza a notar por fuera, aparte de que es mucho más grande así que es más difícil deshacerte del cuándo tengas el aborto al fin.

Historia escrita por – missmia33
Traducción – Tubbiefox
Edición y adaptación para TerrorPsicologico1 – KevinMN

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