AL FINAL DE LA CALLE

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Sara era una mujer de rituales, rituales para dormir, rituales para comer, rituales para fumar, rituales para escribir, rituales para follar…
Antes de encender el portátil y comenzar a escribir sus dos horas rutinarias y nocturnas, cogía un cigarrillo rubio y lo hacia girar sobre sus dedos hasta 12 veces. Llevaba 2 semanas estancada con un cuento que se llamaba “Al Final de la Calle”, 5 minutos antes de que terminaran las 2 horas reglamentarias llevaba escrito esto:
“Laura llevaba 2 meses estancada con el cuento, no recordaba por qué había comenzado a escribirlo, cuál había sido su inspiración, o por qué de manera insidiosa y vírica había comenzado a infectar cada rincón de su cerebro haciendo que se obsesionara con él”
Sara suspiró de frustración, entendía perfectamente a Laura, ¿o era al revés?. La cabeza le daba vueltas, se encendió el cigarro rutinario al terminar sus dos horas de escritura y luego se abrió una cerveza, algo que no entraba dentro de sus rutinas nocturnas, pero sentía en las tripas que necesitaba una. Hacía un bochorno insoportable, abrió la  ventana y bajó la persiana lo justo para dejar una rendija por la que corriera el aire. Se quitó la ropa, todo menos las bragas, y se dejó caer a peso muerto sobre la cama. Le costó dormirse por el calor, pero finalmente lo logró.
La pesadilla sobrevino de repente a traición como suelen hacerlo, no había monstruos, ni muertes, incluso podría decirse que era de bajo presupuesto, pero el terror retumbaba en su pecho y frente, y el agobio y la tensión eran insufribles. Se vio a sí misma en su propia calle, una calle que no tiene salida por uno de sus lados, terminando de manera abrupta en un muro de piedra de hacía 50 años, una época en que la gente de manera ingenua creía que en el año 2000 viviríamos en Marte teniendo hijos marcianitos y bodas marcianitas. A la derecha del muro, como en el de la vida real, Sara vio la puerta de metal oxidado que daba a un solar cubierto de musgo, repleto de somieres mugrientos y  cristales rotos. Abrió la puerta, aunque no tenía consciencia de que fuera ella quien lo hiciera. Al entrar en el solar, no pudo contenerse, sintió el tibio y resbaladizo abrazo de la orina al deslizarse por sus muslos desnudos al ver una mujer con la falda subida, las rodillas destrozadas, la cara ladeada como inconsciente…aunque no, Sara sabía de alguna manera que aquella mujer estaba muerta y sobre ella una hombre la violaba, o terminaba de violarla. El hombre pareció que veía a Sara  pero no se detuvo. Sara se desvaneció de la  extenuación, rezando, aunque no creía en nada salvo en sus rituales, para que se despertara y no saltara como en otras ocasiones a otra pesadilla. Pero al despertar seguía en la pesadilla, el mismo solar aunque en él solo estaba ella. Amanecía, el frío de la mañana le subía por las piernas, y respigaba su tripa. No, no era otra pesadilla, era el solar, era el final de su calle, y el miedo dio paso al rubor y la vergüenza. Miró por la puerta que daba a la calle, y vio que estaba desierta, recordó que era domingo, nadie madrugaría y menos tan temprano, corrió acera arriba sin pensar en si alguien la habría visto. Sobre la planta de sus doloridos pies sintió cada gota, humedad, oquedad, colilla y chicle solidificado. El portal estaba abierto y también la puerta de su casa. Desde que era una cría no había tenido ningún terror nocturno que le hiciera caminar sonámbula, y menos por la calle. Sara optó por la opción mas típicamente humana de todas, ocultar y enterrar. Llenó la bañera de agua caliente y se hizo un chocolate. Se hundió hasta la nariz, la temperatura ya era alta de por sí, pero con el calor del agua, la piel de Sara se cubrió de sudor, y el sueño llegó como un ensalmo, pero se pasó una mano por la cara, apuró el chocolate, y salió del agua, se secó por encima y fue directa al portátil.
“Quizás eran los terrores de la infancia, los traumas y heridas que no logramos curar las que marcan el giro de nuestras decisiones… había escrito Laura en una libreta. De alguna manera, ella comprendía que cada párrafo que escribía era un punto de sutura suelto, una incapacidad masoquista de no poder dejar curar las heridas…”
Sara sonrió para sí misma, le parecía basura seudo profunda sensiblera, sería mucho más interesante si describiera cada detalle de la violación que sonámbula había presenciado en el solar…pero no, eso no era nada maduro ni sano por su parte, los terrores hay que enterrarlos, si no los miras, dejan de existir.
Fuera de casa el sol brillaba con fuerza, uno de esos días que vuelve a la gente tan optimista, como en un anuncio de tampones. Pero lejos de poner optimista a Sara, hizo que un sudor frío le recorriera la espalda, y que un escalofrío le recorriera el cuerpo, un escalofrío que como golpes y latigazos le indicaban que fuera hacia el salón. Sara creía que debía estar incubando algún  tipo de enfermedad, quiso ir al sofá y tumbarse, pero en el sofá había un hombre obeso, descamisado, con los ojos fijos saltones en ella, empapado como si lloviera a mares y con la mano derecha metida en el pantalón masturbándose. Sara salió corriendo pero reconoció la cara del violador. Casi cae por las escaleras, llamó a puñetazos al vecino mientras miraba tras ella aunque no veía que la persiguieran. Tenía ganas de vomitar solo con pensar que aquel hombre estaba en su sofá. Finalmente le abrió la puerta el vecino.
“Hay alguien en mi piso, un hombre, Dios lo siento no fui capaz ni de llamar a la policía no sé qué hacer”, Dijo Sara al vecino un jubilado que no debía  tener menos de 80 años.
El vecino le dijo que esperara en su casa que iría a ver y que ella llamara a la policía. Así que allá fue con sus zapatillas y bata de cuadros el vecino al que habían sacado de su  western matutino. Pero a Sara no le dio tiempo ni de llamar por teléfono, pues su vecino volvió en seguida para decirle lo que ella más temía, aunque no quería reconocer por qué, y era que no había nadie allí. El vecino le aseguró que sería cosa del calor que derrite los sesos. Pero a Sara le temblaban las piernas solo de pensar en volver a entrar en su piso.
Sara siguió actuando como un adulto y enterró sus miedos. Entró y se preparó la comida como si nada ocurriera, tanto fingió que incluso se olvidó de sus propios rituales. Pasó la tarde viendo comedias románticas de serie b, o al menos debían serlo, perfecto para destrozar las conexiones neurológicas del cerebro.
Al caer la noche se dirigió a la ventana para bajar la persiana y dejar una rendija como solía hacer, pero de nuevo ese escalofrío recorrió su espalda, seguido de una lluvia que empezó a caer con fuerza, contra la ventana y el asfalto. Creía que estaba loca por lo que estaba a punto de hacer, pero siempre había creído que en el fondo lo estaba, aunque actuar como lo haría un adulto tampoco la había beneficiado, pero en ese momento el latigazo en la espina dorsal, el dolor en la frente y el sudor frío le decían que llamara a la policía, no podía dejar de pensar en la pesadilla lúcida del solar, y la chica de las rodillas destrozadas.
Fue una llamada anónima, dijo a la policía que estaban agrediendo a una mujer en el solar de su calle, les dio la dirección y colgó. Una media hora después apareció un coche de policía, entraron en el solar y salieron sin más, no había nada al otro lado. De pronto se empezaron a oír gritos, aullidos de dolor en uno de los bloques. Los dos policías entraron en el edificio, tras 15 minutos interminables los gritos cesaron. Con ellos bajaba un hombre obeso descamisado de ojos saltones. Al poco llegó una ambulancia, y se llevaron a una joven que no tendría más de 14 años con las rodillas ensangrentadas.
Sara, con los ojos como platos y la boca seca, se tiró en la cama y abrió el portátil
“El problema de Laura, era que los demonios de sus pesadillas no murieron bajo tierra al enterrarlos de mayor. Siguieron vivos, acechando, truncando cada decisión, atormentándola con sus ojos rojos. Solo podía hacer una cosa con ellos, matarlos, acabar con todos ellos…”

Sara siguió escribiendo hasta que las luces de la ambulancia y el coche de policía desaparecieron al igual que las voces de los vecinos y sus interminables teorías. Todo desparecía, como la conciencia de Sara al volver a dormirse. 

Historia por – Ignacio Castellanos

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Sé que estás despierto

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El chico sabe que si da la más mínima señal de que está despierto, estará perdido. Sabe que si eso se da cuenta de que él lo ha oído todo, morirá. El muchacho está tenso, arropado con su manta hasta la cabeza, exhalando aire caliente y húmedo que se acumula en el espacio que ha creado la sábana. Necesita aire fresco, pero el más leve movimiento lo delataría. Su padre y su madre lo miran fijamente, sin parpadear.

Horas antes, el muchacho apenas se había acostado. Había sido un día bastante largo: tres exámenes en tres horas, pruebas en gimnasia y, además, entrenamiento de fútbol. Todo eso lo había dejado molido. Al otro lado de la pared, sus padres veían un reality show bastante cutre. Después de mentalizarse, se durmió.

Un ruido leve lo desveló a media noche; estaba confuso y desorientado. Seguía escuchando el ruido, el cual parecía provenir del salón. Poco a poca abrió la puerta y caminó a través del oscuro pasadizo que llevaba al centro de la casa. El ruido se hacía cada vez más intenso y desagradable, similar al de los huesos al romperse. Lentamente, asomó la cabeza por la esquina. Horrorizado, descubrió el epicentro del ruido. Una masa de unos dos metros estaba de pie, inmóvil. En su mano se encontraba el cuerpo sin vida de su padre. Tenía el pecho perforado y las extremidades destrozadas. A sus pies, estaba el cadáver de su madre partida por la mitad. El muchacho sintió la necesidad de gritar, pero sabía que si lo hacía no iba a contarlo. Intentando no hacer mucho ruido, el chico volvió a la habitación y se acostó de nuevo. 

«Es todo un mal sueño», se decía a sí mismo. «Mañana todo volverá a la normalidad».

Aterrorizado, escuchó las fuertes pisadas del monstruo que acababa de asesinar a sus padres. Actuando por instinto, se tapó con la sábana y se hizo el dormido. Escuchaba cómo, poco a poco, esa cosa se acercaba. La tenue luz que ofrecía la luna le permitió ver lo que la figura hacía. Aquella cosa se quedó quieta al lado del mueble. Respiraba profunda y roncamente mientras miraba hacia la cama. El chico, haciendo un esfuerzo inhumano, contuvo sus ganas de gritar y de correr.


Cuando la bestia, por un motivo u otro, salió de la habitación, el chico saltó de la cama y observó por la puerta cómo la masa de carne se alejaba y se dirigía al salón. Diez segundos después, se dio cuenta de que volvía y el muchacho regresó al colchón, cogió la sabana y se tapó hasta arriba. El engendro entró de nuevo en el cuarto llevando en su mano alguna cosa; el joven escuchaba cómo manipulaba algo. La fiera volvió a salir. El chico se destapó y pudo observar la macabra escena: el cuerpo sin vida de su padre estaba sentado con el cuello roto y la cabeza mirando hacia el lecho. Otra vez, intentó no gritar.

El monstruo volvió una segunda ocasión, ahora con el torso arrancado de la madre, el cual puso al lado del padre. También tenía la cabeza en dirección a la cama. La gigantesca figura se agachó y en ese momento el muchacho se arropó totalmente. Notó cómo la bestia se alzaba y se acercaba hacía él. Sentía su forzosa respiración y notó cómo escribía alguna cosa en la pared. El adolescente hacía lo que podía para no delatarse. Después de eso, el engendro salió de la habitación y desapareció en la oscuridad. Entre sollozos, el muchacho, aún tapado hasta la sien, consiguió conciliar el sueño.

A la mañana siguiente se despertó por el fuerte olor que salía de los cadáveres de sus padres. Aún sin creerlo, recordó lo último que había hecho el asesino. Giró la cabeza y, horrorizado, pudo leer una frase escrita con sangre y rabia, que decía:

 «Sé que estás despierto».

Historia por – Pipe2k

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La sombra del Niño [Juego]

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Alguna vez has deseado algo con todas tus fuerzas? Algo por lo que te atreverías a poner tu vida en riesgo? Si es asi estas en el sitio indicado.

Para jugar a La Sombra del Niño necesitarás una pelota, papel, lápiz y un teléfono.

Cuando el sol esté poniéndose tendrás que acercarte al parque mas cercano que encuentres y una vez allí deja el balón encima del tobogán. Deberás esperar mínimo hasta medianoche, así que asegurate de haber comido algo e ir descansado.

Una vez llegue la medianoche deberás evitar mirar en la dirección donde está el balón o él no aparecerá. Deberás fijar la vista en la parte del final del tobogán hasta que veas que el balón rueda hasta bajar por el tobogán. Sabrás que no ha sido el viento porque oirás que él se ríe.

En ese momento tendrás taparte los ojos y contar hasta que él vuelva a reir. Si has contado hasta cien y aún no lo escuchas vete, él no quiere jugar hoy. Normalmente a los diez segundos oirás la risa. Abre los ojos. Aparecerás delante de la entrada del parque, y delante de ti habrá un bosque que no estaba antes, no te asustes y sigue adelante.

Al rato de caminar deberás haberte encontrado balones por el camino. Ignoralos hasta que no encuentres el tuyo. Cuando estés seguro de que el balón que hay en el suelo es tuyo, cógelo. Debajo tendrá un número que deberás apuntar en tu papel. Si en algún momento de la prueba oyes un llanto, corre hacia la salida. Le has hecho llorar y si te encuentra no tendrá piedad contigo. Si consigues reunir tantos números como los que contaste al principio del juego felicidades, has avanzado una gran parte. Ahora viene lo difícil.

Él comenzará a contar cuando apuntes el último número en tu papel, y contará hasta tu número, en ese momento saca tu teléfono y marca todos los dígitos antes de que él acabe de contar, si no, reza porque te deje vagar por el bosque toda la eternidad. Si lo has hecho bien oirás una voz de un niño al otro lado del teléfono preguntándote por tu deseo. Ahora es el momento en el que podrás pedir lo que sea que más quieras, pero él, a cambio se llevará un hijo tuyo para que juegue con él, y si no tienes, tu fertilidad. Cuando acabes de pedir tu deseo vuelve a taparte los ojos y cuenta hasta diez.

Volveras a aparecer en el sitio donde empezaste a jugar, sin el balón. Él también se lo queda. Te recomendaría no volver a ir a ese parque jamás, él te conoce y a veces quiere jugar aunque tu no lo desees. Al dia siguiente Encontraras que lo que pediste ya esta en tu posesión.

Espero que tus hijos valgan lo que tus deseos…
Historia por- ElegantCat

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La Puerta Negra

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Todos los días, Daniel llegaba a la misma hora a casa, a la misma hora encendía el televisor, y a la misma hora metía su cuerpo sudado y dolorido bajo el agua. Lo único que rompía su rutina desde hacía 3 semanas, eran sus nuevos vecinos, los cuales se habían mudado al apartamento de enfrente. Eran los vecinos perfectos, nunca hacían ruido, y lo mejor de todo, no lo molestaban para nada. El segundo sábado de su tercera semana de compartir rellano, un ruido como de arrastrar muebles hizo que se acercara a la mirilla. No era hombre que se inmiscuyera en los asuntos de los vecinos, pero el que fuera la primera vez en tres semanas que dieran señales de vida, fue suficiente para despertar su interés y querer conocer el aspecto de sus misteriosos vecinos. Al acercarse a la mirilla le sorprendió (en el peor sentido de la palabra) lo que vio. La puerta de sus vecinos antes blanca, ahora lucía completamente negra. Daniel se preguntó en qué momento la habrían pintado, porque cuando él llegó seguía igual que siempre, o quizás era que sencillamente no se había fijado. Pero lo que definitivamente hizo que sus ojos se agrandaran y no despegara su ganchuda nariz de la puerta, fue ver cómo llegaban dos personas, picaban a la puerta negra, esta se abría, y entraban sin emitir saludo o ruido alguno. Daniel era un tipo pragmático, de mente simple, y poco tendente a los devaneos místico/intelectuales, y mucho menos a los cotilleos de rellano, pero igualmente no podría quitarse en lo que quedaba de noche aquella imagen, pues aquellas personas, no es que fueran de negro vestidas, ni que su piel fuera morena,  simplemente no reflejaban ninguna clase de luz, era como si la luz no incidiera en sus cuerpos, y por si eso no fuera poco, del interior del apartamento vecino, todo era oscuridad salvo por una leve luz blanca e intermitente que llegaba de algún rincón indeterminado.

Al día siguiente la misma escena se repitió, otra pareja y la misma luz intermitente. Daniel, estaba contra todo pronóstico genético, asustado, pues se acababa de chocar de cara contra algo completamente anómalo e ilógico. No le hacía ninguna gracia compartir escalera con una puerta negra por la que entraba gente que luego no parecía salir. Daniel se preguntaba si el anciano casero sabía que sus inquilinos habían cambiado la puerta de color, pero en seguida barrió esos pensamientos de su cabeza, ya que al día siguiente tenía que madrugar, y la rutina seguiría su curso sin que nada se alterase. Pero la rutina nocturna también continuó, y el nerviosismo en Daniel también siguió un proceso de crecida exponencial según avanzaban los días.
El cuarto sábado se propuso salir y picar a sus vecinos, pero justo cuando iba a salir, y vio entrar de nuevo a otra pareja se detuvo en seco. Suspiró y volvió junto con la televisión y el sofá.
La noche transcurrió sin ningún contratiempo entre ronquido y ronquido, hasta que su corazón dio un vuelco. Alguien llamaba a la puerta, pero no con el timbre, sino golpeando a la puerta, pero lo que hizo que las manos se le helaran no fue tanto la llamada como el ruido, pues a parte de ser arrítmico parecía como si multitud de manos cerradas aporrearan la puerta de la calle. Se colocó la bata sin abrochar, se calzó las zapatillas, tragó saliva, hinchó el pecho y abrió la puerta sin mirar por la mirilla. Barrió lentamente con la mirada la escalera mientras se atragantaba con su propia saliva, y vio para aumento de su sudor frío, que el rellano estaba vacío. La puerta de sus vecinos estaba abierta con aquella luz blanca intermitente y débil.

“A la mierda”, pensó Daniel, y entró en el apartamento vecino.
Al entrar, su primer instinto fue el de salir corriendo, pero para su asombro, no tenía la sangre tan fría como creía, pues no se movió ni un centímetro del lugar en el que estaba. El apartamento no tenía paredes, era negro y con una televisión al fondo en el suelo. De ella y su pantalla con niebla, era de donde provenía aquella luz intermitente. La espalda de Daniel y el pecho se llenó de brazos oscuros. Estaba rodeado por multitud de personas sin luz, totalmente oscurecidas a ojos de Daniel. Lo obligaron a sentarse en el suelo y mirar la niebla de la pantalla. Poco a poco, Daniel sintió disipar su mente, como si todo le invitara a seguir con el sueño. Su cuerpo se oscureció, al igual que el de sus anfitriones.

No se volvió a saber más de Daniel en el rellano y el edificio. La puerta negra volvió a ser blanca. Y el casero nunca recibió el pago del alquiler, pues el piso estaba vacío, sin inquilinos, solo con una tele vieja y rota en el suelo.

Historia escrita por- Ignacio Castellanos 

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Rojo cual rubí

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Yo vivía al sur de California junto con mi adorada esposa Martha, 2 años menor que yo. Martha y yo nos conocimos en un viaje que tuve a Asia y desde ese momento quede hechizado por su belleza. Tenía unos preciosos ojos azules, una sonrisa tan blanca cual esmeraldas reluciendo, una piel clara y suave al contacto, era la mujer perfecta. 

Cumplíamos 3 años de noviazgo cuando decidimos juntarnos en matrimonio. Durante la celebración uno de los invitados le obsequio a Martha un collar de oro con un llamativo y grande rubí en forma de corazón, ella se vio muy asombrada por lo cual se lo puso de inmediato para lucirlo con su gran vestido blanco, pero… unos momentos después ella se dispuso a preguntarme de quien se trataba ese invitado ya que resultaba desconocido para ella. Lo describió como un hombre con facciones toscas, muy alto , con un traje de vestir y sombrero lo cual sonaba totalmente desconocido para mí , pues yo no conocía ni creía tener a un familiar o amigo con las características descritas anteriormente , por lo cual le pedí que me mostrara el lugar donde se encontraba ese extraño hombre pero extrañamente cuando nos dirigimos al lugar señalado por ella este había desaparecido en su totalidad lo cual nos causó una sensación de inseguridad a Martha y a mí , de igual forma continuamos con la celebración de todos modos hasta llegar a su término. Tiempo después los dos juntamos nuestros ahorros para así poder tener un hogar propio donde pudiéramos cumplir nuestros sueños de tener hijos y así ser una familia perfecta , pero … una sensación … una sensación de enojo y rabia se empezó a apoderar de mi unos meses después , no sabía de donde se originó exactamente , lo único que sabía era que no podía dejar de pensar en ese collar con ese gran rubí que colgaba de su cuello día a día , era como si esa pieza me hipnotizara cada vez que la veía y sentía un gran deseo a la vez de una furia desenfrenada por Martha Con forme paso el tiempo mi actitud fue cambiando con ella siendo cada vez más cortante y agresivo con ella , no lo entendía , yo la amaba demasiado para poder hacerle eso pero este pensamiento cambiaba al momento de estar cerca de ella. No encontraba una explicación cuerda que pudiera decirme porque me pasaba esto. Un día saliendo del trabajo acompañe a un amigo por unas copas pensando que esta sería una buena solución para poder omitir los pensamientos de Martha por un rato.

Estuvimos charlando un rato por lo que tome valor para contarle lo que estaba pasando , le platique como es que nuestra relación había cambiado tan drásticamente y como la trataba ahora , además de mencionarle la enfermiza adicción que había surgido en mi por ese rubí. Cesar (nombre de mi amigo) me menciono que quizás podría tener una relación el rubí con la actitud que fui tomando con Martha , que podría tener un hechizo o algo parecido, lo interrumpí diciéndole que esas eran ideas descabelladas , tome mis cosas y me fui argumentando que estaba cansado. Cesar se paró de su asiento y me grito a lo lejos

-¡Yo vi a ese hombre que se lo dio a Martha! Me detuve a escuchar esas últimas palabras, fruncí el ceño y me fui. Estaba caminando en la calle, eran la 1:30 de la mañana y debo admitir que estaba un poco ebrio pero podría jurar que lo que vi fue real Justo en la esquina de una calle se encontraba parado un hombre de aproximadamente un metro noventa, con un traje de vestir negro y un sombrero del mismo color, no podía verle la cara muy bien debido a la oscuridad de la noche, pero si pude ver claramente como este hacia una mueca de sonrisa en su rostro… una sonrisa macabra y llena de maldad que se dirigía hacia mí. 



Temeroso grite: -¡Señor! ¿Necesita algo? No hubo respuesta, me alerte y corrí lo más rápido que pude de ese lugar hasta llegar a mi casa. Al llegar note que Martha me estaba esperando por el motivo de una noticia importante, pero una vez más esa sensación de enojo y coraje se apodero de mi, por lo que me negué a hablar con ella y subí a mi habitación. Cada quien tenía su propia habitación, por lo que podría tener un poco de privacidad. Me recosté en la cama y me puse a pensar en todo lo que estaba pasando, el motivo de porque ese odio y además la pregunta de quién era ese hombre atravesó mis pensamientos, hasta que de pronto, como si de un destello luminoso se tratara recordé la boda, el hombre que le regalo aquel collar a Martha… me quede congelado por un momento de solo pensar que realmente tuviera algo de eso relación con migo y mi matrimonio. Sin darme cuenta me quede profundamente dormido, hasta que un sonido inesperado hizo que me levantara repentinamente de la cama, era el sonido casi imperceptible y delicado de una respiración, inconscientemente sabía que era la respiración de Martha… durmiendo… indefensa ante cualquier peligro que la rodeara. Tire una risa fuera de lugar y me levante de la cama, sentía como si un impulso agresivo se apoderara de mi. Baje a la cocina sin saber exactamente mi objetivo inicial, me detuve por un momento un poco confundido de lo que estaba haciendo cuando un repentino sonido interrumpió el silencio de nuevo, era ella otra vez durmiendo placenteramente en cama. Me exalte, mis ojos se tornaron de un color rojo intenso y fui en busca de un cuchillo largo y afilado aun sin saber exactamente mis acciones posteriores. Empuñando fuertemente el cuchillo fui hasta la puerta de su cuarto, no quería despertarla ya que la puerta hacia un ruido chillón y molesto al abrirla por lo que tenía que tener extremo cuidado. Tome la perilla de esta y gire hasta que finalmente la puerta estaba abierta, con mucha delicadeza empuje hacia atrás únicamente un pedazo extremadamente pequeño de la puerta entre dejando ver únicamente ese collar… Ese maldito collar con ese rubí que parecía brillar como un gran lucero. Me quede por unos momentos inmóvil… observándolo detalladamente la pieza. Repentinamente un fuerte dolor de cabeza se invadió de mi, llevando rápidamente mis manos a mi cabeza pudiendo escuchar el descontrolado llanto de un bebe que parecía provenir de la habitación de Martha que parecía hacerse cada vez mas y mas fuerte, desesperado tome nuevamente el cuchillo del suelo y entre repentinamente al cuarto de ella apuñalándola varias veces en el pecho sin darle oportunidad de gritar o algo parecido alcanzando así a desprender el collar de su cuello. Cuando esto pasó mis ojos volvieron a su color normal, observando así que el rubí del collar iba tornándose de un color negro como si de un anochecer se tratara. En seguida sentí como la sangre de Martha se encontraba escurriendo en mis manos sintiéndome culpable y a la vez aliviado de que esto por fin había terminado, pero no podía dejar su cuerpo así , por lo que la tape con unas mantas y saque su cuerpo de la casa hacia el patio trasero desechándolo en el basurero. La paz regreso en mi, era como una sensación de tranquilidad que me brindaba el por fin estar libre. Regrese a su cuarto para tirar las sabanas llenas de sangre que se habían quedado, al entrar a la habitación observe unos papeles que se encontraban en una pequeña silla a un costado de la cama que no había visto antes por lo cual decidí revisarlos. Me quede anonadado… esta… estaba embarazada! Pe… ¿pero cómo? De pronto ese fuerte y horrible dolor de cabeza volvió a mí, pero ahora se escuchaban como agonizantes y estrepitosos llantos que parecían penetrar cada centímetro de mí, por lo cual me tire de rodillas sollozando de dolor.… ¡ese maldito sujeto que se encontraba sonriéndome y mirándome fijamente una vez más! .Pude notar que su boca hacia movimientos como si estuviera tratando de decirme algo, en ese preciso momento el dolor y la tortuosa forma de alaridos y llantos que podía percibir era aun mayor, terminando finalmente tirado en el suelo… inerte 

Fin

Historia escrita por – Yolotzin Gonzales Guzmán

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Feto Asesino

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Jaime miró por la ventana y vio que las luces de las farolas seguían iluminando una calle vacía. Se desabrochó el primer botón de la camisa, y se rascó la cara. Siempre le picaba mucho la cara cuando empezaba a salirle la barba. Llevaba dos días sin pasar una cuchilla por la cara. Abrió una cerveza y encendió la radio. Las noticias de las 9. Guerra, violencia en hogares e institutos, y una insultante cantidad de minutos dedicados al tiempo y a lo que piensan los ciudadanos de ese malévolo frente de aire invernal. Encendió el ordenador mientras en la tele seguían con una fascinante exposición de fotografías repletas de estampas hogareñas y pastelosas de los espectadores en paisajes cubiertos de nieve. Jaime era tendente a despistarse con la más mínima excusa que su mente percibiera en el ambiente, ya fuera real o imaginaria, y eso le llevaba pasando desde el parvulario, cosa que no le beneficiaba en absoluto ahora que tenía plazos de entrega que respetar y jefes con conexión directa a los chats de mensajería instantánea tan malogrados y tan dignos de película apocalíptica de serie b. Por esta serie de razones tan lógicas, el grito de un gato callejero hizo que se levantara del asiento y se dirigiera a la ventana. Era una práctica común en él, y siempre con el mismo resultado, pues nunca lograba encontrar al dueño del grito. Pero esta vez, para su sorpresa, sí se encontró con algo, aunque no con un gato, sino con una mujer vestida de chándal volviendo de la calle sin salida donde se encontraban los cubos de basura. Por norma general, Jaime no haría caso de tal escena, ya que poco tenía de interesante que alguien tirara la basura, aun cuado la cara de la mujer estaba pálida, y caminaba con las piernas desmesuradamente arqueadas…aunque bien mirado, la escena sí que era rara, y como ya dijimos, Jaime era alguien muy predispuesto a dejar las tareas en tiempo muerto y dedicarse a temas mucho más inmediatos y vulgares, como hurgar en los desperdicios de una mujer siniestra. Así que se reabrochó el último botón, bajó con cuidado las escaleras, observó que nadie paseaba por la calle, (aunque el único personaje raro de la calle en ese momento era él mismo) se paseó de manera casual, pero más casual hubiera sido, si se le hubiera ocurrido bajar con una bolsa de basura, algo que por supuesto se le ocurrió en ese instante e hizo que una punzada derribara los últimos ladrillos de su autoestima en esa gesta nocturna.

”Seré gilipollas…”, pensó, y no le faltaba razón.





Se acercó al único canjilón de basura verde, y mientras se acercaba no se percató de que estaba pisando unos charcos espesos de líquido parduzco. Cosa que sin duda le hubiera inducido a salir corriendo, pero no, en esos instantes, él era movido por una de las pulsiones más bajas del ser humano, el cotilleo.
Presionó con el pie derecho la palanca del basurero y abrió la trampilla. Un olor denso y asqueroso, como de meados mañaneros mezclados con colillas y azufre le acababa de abofetear en la cara cubierta por cerdas de barba más bien escasa. Esto hubiera sido suficiente para hacer a cualquier persona dueña de sí misma, irse por donde había venido, pero como dijimos, Jaime estaba movido por una pulsión retorcida y nauseabunda, por lo que a través de unos ojos vidriosos y saltones, lo vio. Una pequeña masa de carne rojiza informe con los ojos entornados hacia él, mirando y gesticulando vagamente con la boca y las manitas deformes. Era medio calvo y su piel estaba cubierta por una capa gelatinosa y viscosa rojiza. Jaime enseguida ligó aquella imagen a la de un feto que acababa de ser tirado a la basura. Hubiera llamado a la policía o hubiera sido más heroico por su parte cogerlo y pedir ayuda, pero no, salió corriendo hasta su casa, no sin antes tropezar un considerable número de veces, justificando y escenificando así todas las películas baratas de asesinos con predilección por la carne adolescente.

Al entrar en el piso miró por la ventana y comenzó a vomitar, saliéndole trozos de espaguetis a medio digerir por la boca, pero con el cuerpo completamente tieso, y los ojos fijos en la escena grotesca que tenía en frente. El feto informe estaba arrastrándose por la carretera desierta iluminada a intervalos por las farolas, dejando un reguero de sangre y babas. Vio cómo con movimientos arrítmicos y torpes se arrastraba con el cordón umbilical tras él hacia su edificio. Cuando a Jaime ya no le quedaban espaguetis que vomitar, se deslizó hacia la puerta y pasó el pistillo. Se arrodilló y rezó todo lo que supo que no era mucho, y se consoló estúpidamente pensando que algo tan pequeño no podría abrir manillas ni manipular ganzúas. Tampoco podía llamar a nadie, de qué le serviría, aunque podía inventarse una excusa para que vinieran, pero como vimos, le movía una pasión muy baja, y el razonamiento no era su fuerte, por lo que esa opción ni se le paso por su calva cabeza.

De pronto empezó a llover, cosa que ya había previsto de forma mesiánica el hombre del tiempo. Jaime fue arrastrándose hasta la ventana con la cara y la camisa aún sucias del vomito, pero antes de que hubiera podido acercarse a la ventana, una versión en miniatura, congestionada e hinchada de una persona adulta, lo miró bajo la lluvia desde el otro lado de su ventana. Con su versión pequeña de una mano, empujó la ventana y esta se abrió con suavidad, ya que estaba abierta, pues Jaime había olvidado de manera fatal, cerrarla cuando se asomó por primera vez en busca de un gato, (Ay…dulces recuerdos, ahora aquello parecía muy lejano)


El humano en miniatura de carne amorfa se dejó caer al suelo, Jaime empezó a aporrear la puerta de su casa con el puño de manera desesperada mientras no dejaba de mirar con la boca abierta a aquella masa viscosa y deforme de carne, la cual se le acercó con los ojos semi-cerrados, una pequeña mueca desdentada en la boca, y con sus bracitos fofos y casi deshuesados enrolló el cuello de Jaime con su propio cordón umbilical, ahogándolo y haciendo que sus ojos se agrandaran y su pupila se estrechara. Era el mejor cotilleo de su vida y no tenía a quién contárselo, qué pesadilla.


Historia escrita por- Nathan Albae

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Revelaciones

#terrorinternet #creepypasta

Gijón 20/8/2017 H: 22:00 / Duración grabación de la 01:58
Mi nombre es Lucas Álvarez Mayado y voy a dejar constancia en estas grabaciones de todo lo que me ocurra a partir de ahora. Son las diez de la noche, acabo de salir de la casa de mi made en Gijón. He ido a su casa porque me dejó un mensaje en el contestador de mi móvil diciéndome: “Ven a casa, tenemos que hablar, es muy importante”. Al llegar a su casa encontré una nota en papel sucio al lado de un cenicero cubierto de colillas. En la nota traía escrito: “He salido”. Pero la letra no es de mi madre. A los dos minutos de llegar me llama un número oculto. Era mi padre, hacía 20 años que no sabía nada de él. Me dice: “Ya sabes quién soy, ni se te ocurra llamar a la policía (dicho esto oigo los sollozos de dos mujeres, sus voces son las de mi madre Laura y mi esposa Inés, él sigue hablando) un día te dije que ojala algún día sintieras todo el dolor que tu madre y tú me habéis causado, pues bien, hoy es ese día ¿Recuerdas Villa Pedrosa? Seguro que sí. Aquí te esperamos, no tardes en llagar a la reunión familiar”. Villa Pedrosa es el pueblo donde solía veranear cuando era pequeño. Ahora estoy en el coche y me dirijo hacia allí. Cuando llegue volveré a grabar. Si me ocurriera algo espero que estas grabaciones lleguen a alguien. Iré guardando cada audio en un archivo digital online. Estoy muy nervioso…no sé que me encontraré allí.

Alrededores de Villa Pedrosa 20/8/2017 H: 23:35 / Duración de la grabación 00:45
Acabo de llegar a Villa Pedrosa. Hacía casi 30 años que no venía hasta aquí. El pueblo está completamente abandonado. Está todo comido por los árboles y la hierba, aunque parece que los árboles y toda la vegetación están podridos. Todo apesta. No he podido seguir en coche. Tendré que ir andando a partir de aquí. Recuerdo que la casa de mis abuelos está al final de la calle principal con una valla que rodea todo el terreno hasta la orilla del río.

Villa Pedrosa 20/8/2017 H: 23:55 / Duración de la grabación 00:40
Tengo que hablar muy bajo. Cuando llegué hasta la valla casi vomito y perdí tiempo en reponerme. La valla está oxidada y cubierta por bolsas de plástico con trozos de cosas dentro chorreando sangre. El olor es insoportable. El prado está lleno de cercos con formas extrañas hechas con lo que parecen ser barras de metal y huesos de animales. Vi salir del cobertizo del terreno de arriba a mi padre…casi no lo reconozco. Llevaba con él una bolsa como las de la valla, luego se fue hacia la parte de abajo que da al río. Ahora estoy en el garaje, intentaré entrar desde aquí a la casa.

Villa Pedrosa 21/8/2017 H: 01:30/ Duración de la grabación 01:00
 
Entré en la casa por la puerta del garaje que da al pasillo de la casa. Escuché ruido en el desván así que fui a la salita que es desde donde se puede acceder con una escalera plegable. Subí y me encontré…me encontré a mi madre en el suelo con los ojos quemados y el vientre cubierto por una sutura enorme. Inés estaba a su lado conmocionada, llena de moratones y herida en el tobillo derecho con marcas de mordedura. Me acerqué a mi madre, aunque ya lo sabía comprobé el pulso, estaba muerta. Oímos pasos en el salón y escuché a mi padre reírse y gritando “Feliz, familia feliz, ¡Me encanta todo esto!”. Ayudé a Inés para que saliera por la ventana que da al tejado. Cuando iba a salir yo, vi la cabeza de mi padre apareciendo por la trampilla, pero enseguida salí al tejado y cerré la ventana. Bajamos por el tejado del garaje y de ahí al suelo. Íbamos a salir por la puerta de la valla, pero mi padre salió por la puerta que comunica el pasillo con el garaje. Bajamos todo lo deprisa que pudimos al cobertizo de abajo en el río. Hay herramientas, cosas viejas que podemos usar, creo, para defendernos.

Río de Villa Pedrosa 21/8/2017 H: 01:45/ Duración de la grabación 01:45
Hace 5 minutos, no sé cómo decir esto…apareció mi madre de pie, frente a la puerta, con las mismas heridas, pero de pie. Nos atacó, no entiendo por qué, ni cómo, por suerte Inés reaccionó más rápido que yo y…y le clavó una vara de hierra en el pecho. Su cuerpo está aquí con nosotros en el cobertizo. Fuera mi padre se pasea, dando vueltas y silbando. Creo que usaremos el hacha de cortar leña.
Río de Villa Pedrosa 21/8/2017 H: 02:15/ Duración de la grabación 01:25
Salimos fuera, Inés y yo. Él nos vio. Vino sonriendo. Atravesé su estómago con la vara de hierro. No le paró y siguió avanzando. Logró morderme el hombro, no es una herida profunda, pero no me encuentro bien. Inés le dio con el hacha en la cabeza. Él no se inmutó. Con la vara atravesada, y el hacha en la cabeza, se tiró al río y se dejó llevar por la corriente. Inés se desmayó. La herida de su tobillo no huele nada bien, y yo apenas puedo moverme, solo necesito descansar…descansar 5 minutos. Espero que alguien escuche esto.
Subiendo archivos…
Carga fallida…
Batería agotada…
Apagando el sistema…


Historia escrita por-Nathan Albae 

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A los pies de tu cama

#terrorinternet #creepypasta

Recomendacion, leer de noche.

Hola, ¿cómo estás? ¿Sosegado y tranquilo? Pues… prepárate, porque hoy no es una de esas noches en las que crees que irán como las demás.

Posiblemente te dispongas a ir a la cama a sumergirte en tu propio mundo; meditar, relajarte… Hasta allí todo bien, pero ¿qué ocurriría si en lugar de sumergirte en tu propio mundo, te sumergieses en otros?

Quizás ya estés tumbado en tu cama, con la intención de escuchar la radio, como sueles hacer habitualmente. Posiblemente hayas tropezado con ese programa sobre misterio que tanto te cautiva; sin embargo, te muestras escéptico cuando te introducen en el mundo de los espíritus. ¿De verdad crees que todo es producto de nuestra imaginación? ¿Te atreverías a comprobar si eres tan escéptico como tú piensas?

Mira a tu alrededor. Supongo que te encuentras completamente a oscuras. ¡Ni se te ocurra encender la luz!, y si ya la tenías encendida… apágala. Vamos a comprobar hasta qué punto le eres fiel a tus creencias. Hagamos un trato: si eres capaz de no sentir miedo durante todo el relato, podrás ser libre y seguir sin creer en fantasmas, pero, de lo contrario, si en algún momento sientes que se te eriza el vello, tu pulso se acelera y un escalofrío invade tu cuerpo hasta el punto de quedarte totalmente inmóvil, amigo, entonces estarás condenado a creer en fantasmas para toda la vida. Te perseguirán allá donde vayas y no volverás a pensar como antes. ¿Te apetece que juguemos?

Con la luz apagada, relájate y déjate llevar por mi voz, esta voz que atrapa tu mente. Estás tranquilo, relajado, sumergido en unos profundos pensamientos. La temperatura es agradable, ni frío, ni calor. Todo parece transcurrir con normalidad, ¡o eso crees!…

Mira hacia los pies de tu cama. Allí no hay nadie, pero… ¿no has sentido alguna vez la sensación de que alguien o algo te está observando fijamente con la intención de violentar tu tranquilidad? ¿Verdad que tienes el presentimiento de que algo está a punto de ocurrirte… y no precisamente agradable?

No apartes la vista de allí. Observa durante unos momentos esa parte de tu cama. Quizás comiences viendo sus pequeñas manos, que se van apoyando a tus pies, unas manos blancas, muy pálidas y huesudas que se agarran a la cama con la intención de incorporarse. Luego distingues lo que parece ser una cabellera negra… ¿Qué será? O mejor dicho, ¿quién será?… Imagínate sus ojos completamente blancos que te examinan fijando su mirada amenazante en la tuya, consiguiendo que empieces a sentir verdadero pánico. ¡Sí!, ¡está sucediendo, no es tu imaginación! Ni se trata de un sueño. La angustia y el terror se están apoderando de tu mente y no eres capaz de dominar la situación. Te preguntas qué está ocurriendo. No logras entender qué puede ser aquello; tu inquietud te lleva a volver a observar lo inexplicable.

Espera… ¿dónde está? ¡Ya no lo tienes a los pies de tu cama!; aunque… sigues notando su presencia, ¿verdad? Te has dado cuenta de que no estás solo. Pero ¿a dónde ha ido? Ni siquiera te atreves a mirar a tu alrededor. Sientes pánico. Quizás llegados a este punto del relato ya hayas perdido el juego. Pero sigamos jugando un poco más. Notas unas vibraciones en el colchón, como si algo se estuviese moviendo debajo de tu cama. Un ruido que proviene de allí abajo te alerta y sabes que hay algo escondido. Tienes la sensación de que de un momento a otro aquello saldrá de ahí y se aparecerá ante ti.

Sin llegar a girar completamente tus ojos, sientes que alguien se encuentra a tu lado y te observa detenidamente, incluso puedes oír su respiración agitada; sin embargo no consigues verlo con total claridad.

Sientes que su presencia está muy cerca, el pánico vuelve a apoderarse de ti. Quiere tocarte la cara, pero… ¡no vayas a cubrírtela! Deja que haga lo que quiera. Si no lo haces, tu desenlace puede ser aún peor.

Te sigue observando con rostro de desagrado. ¡No le gustas!, y se encuentra muy enfadado. Sientes que su mano está a punto de rozar tu cara. ¿Notas su frialdad? ¿Qué sientes? ¿Llegas a percibir el tacto de su mano? Lo tienes a tan solo unos centímetros de ti, por lo visto, quiere llevarte con él y aunque no lo creas, estás a punto de formar parte de su intrigante y escalofriante mundo…

¡Tranquilo! Todo ha terminado. Tomémonos un descanso. Ya puedes encender la luz, si es que te atreves.

Posiblemente ahora estés pensando que a pesar de haberte dejado llevar por la sugestión, y haber pasado miedo, sigues sin creer en fantasmas. Los fantasmas solo están en tu mente. Pero… yo ahora quiero mi parte del trato. Eso fue lo que acordamos. Has sentido miedo y ahora te perseguirán allá donde vayas. Estás condenado a creer en fantasmas. ¿O sigues sin creer en ellos? Entonces, ¿a quién pertenece esta voz, que durante todo el relato, ha dominado tu mente?

Historia escrita por – Tubbiefox

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