Desde la oscuridad

#terrorinternet #creepypasta

Silvia había comenzado el descenso por la cuesta de manera suave. Siempre le gustaba comenzar las bajadas así, suave, sin pedalear, sobre su bicicleta roja y con cinco marchas.
Era finales de junio. Apenas corría el aire. El sol estaba en todo lo alto y no había nadie que observara su hazaña. Creyó que ya era hora de darle duro a los pedales cuando llevaba  un tercio del recorrido. El paisaje discurrió a toda velocidad. Muros coronados de cristales y hierros oxidados, convertidos en finas líneas rojas y grises a sus flancos.
Ya veía la meta. Una curva con un banco al lado de un olmo. El vértigo del final le sobrevino desde el vientre hasta la coronilla. Derrapó, gruñó, y observó con satisfacción cómo no perdía el equilibrio mientras ascendía el polvo sobre su rueda trasera.
Exhaló el aire que había contenido antes de detenerse y miró con orgullo la empinada cuesta y la muerte segura que acababa de esquivar en último momento. A sus nueve años se sentía la reina de toda la colina, la ciudad, el mundo entero.
-¡Silvia!
La heroína de la colina se giró y vio llegar a sus amigos de verano (de verano porque eran los únicos a parte de ella que no se irían de vacaciones fuera de la ciudad). Eran Víctor y Pablo.
-¡Eh! Creía que habíais quedado para ver Hora de Aventuras.
Ambos chicos se encogieron.
-¿Recuerdas la casa que está a la derecha del asilo abandonado? -dijo Víctor.
-¿La de las paredes grises? ¿Esa que da tan mal rollo?
-Tu madre nos dijo que estabas aquí, queríamos que vinieras a verlo tú también –contestó Pablo.
Silvia dudó un momento. Esbozó una media sonrisa y los acompañó para ver qué chorrada se habían inventado.
Los tres se plantaron frente a la verja oxidada. Bajo la luz del sol de las cuatro de la tarde, sólo parecía una casa vulgar, vieja y abandonada, sin más. De vez en cuando pasaba alguna persona con bolsas de la compra o algún coche a veinte por hora. Víctor y Pablo se mostraban excitados, con una extraña complicidad entre ambos. Se adentraron en el terreno de la casa. La hierba estaba crecida. Las moscas revoloteaban. El olor de algún gato o rata muerta llegaba desde alguna parte; aquello era lo más desagradable de la escena. Ambos chicos se arrodillaron frente a la entrada sin puerta. Silvia permanecía detrás de ellos sujetando su bicicleta roja.
-Ahora mira, ¿vale? -dijo Pablo en un tono tan solemne que Silvia tuvo que ahogar una risita aguda.
Ambos chicos la miraron ofendidos por no tomarse aquello tan en serio como ellos.
Víctor lanzó a la oscuridad de la puerta una pelota de tenis que llevaba en el bolsillo. Cayó en la oscuridad opaca del interior sin emitir sonido alguno.
-¿Y ahora qué? ¿Me vais a decir que si me atrevo a ir a por ella?
Ya se disponía a entrar en la casa pero Víctor la agarró por el brazo.
-No, espera… ¡Mira! ¡Ahí!

Al poco, de la oscuridad, apareció rodando un cochecito de madera.
-Bah… ¿esto es todo? La otra vez a apareció un patín, esperaba que apareciera también el del pie derecho.
Silvia no entendía nada, pero se le había erizado el pelo de la nuca.
-¿Quién hay ahí dentro?
-No lo sabemos -contestó Pablo mientras examinaba el coche de madera.
-Está claro, es una casa con fantasmas. -contestó con naturalidad Víctor.
-Hay alguien dentro -repitió Silvia.
-Que no, que está abandonada, pero no se lo diremos a nadie, al menos hasta que nos salgo algo mejor.
Silvia apoyó la bicicleta en el suelo con cuidado. Cogió una piedra.
-¡Qué haces! -gritaron al unísono Pablo y Víctor.
Demasiado tarde, la piedra hizo un arco perfecto entrando de lleno en la oscuridad de la entrada. Los tres esperaban oír algo, lo que fuera, pero nada sucedió. Los tres se miraron.
-Espero que no salga una más grande disparada -susurró bajito Víctor como si por alguna razón hubiera que hablar como en una biblioteca en ese momento.
Silvia no sabía si era cosa suya pero tenía la impresión de que el olor a bicho muerto era más fuerte. Sus dos amigos no parecían notarlo.
De pronto apareció una cabeza humana rodando. Una cabeza podrida. De una muchacha joven. No tenía más de nueve años. Víctor y Pablo se levantaron chillando, al girarse se tropezaron con el cuerpo desmembrado de Silvia. El rojo de su sangre se había sumado al de su bicicleta de cinco marchas; la bicicleta que la había convertido en reina de la colina.

 Historia escrita por – Nathan Albae

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¿Cuánto por la chica?

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“Entonces … ¿cuánto cuesta la chica?”

He tratado con tipos como este antes, pero nunca he estado tan desesperado, se nota en mi voz.

“Lo siento, hombre, no se puede”.

“Vamos, no me jodas, ¿cuánto?”

La ira se escapa de mi garganta, no me arriesgaré a perder a la chica. Ella merece algo mejor que vivir el resto de su vida pudriéndose.

“Mira, te lo dije, no la estamos vendiendo. ¡Ahora lleva tu culo a casa, viejo!”

Mi frente se arruga, sigo presionando – “No pretendas que no hay un precio, solo dime de qué se trata, ¡pagaré cualquier cosa! Solo dime ¡¿CUANTO POR CHICA?!”

“Realmente piensas que ella es especial, ¿eh?”

Asiento con la cabeza.

“Bueno, este es el trato, amigo: estamos a punto de irnos. Y estamos ya listos. Así que, francamente, creo que tu mejor opción, es ir a los muelles e intentar encontrar a alguien más. La chica no irá a ningún lado, ¿Capisce?

Miro a la chica, es muy linda. Acaba de florecer en una mujer joven. Hermosa. Sé que va a estar mal si la llevo a casa conmigo. Pero no puedo evitar lo que no controlo.

“Mira, NO HAY nadie más. Ahora, ¿podrías escucharme, escuchar la razón, por un minuto? Ella es perfecta, la amo, quiero cuidar de ella. ¡Así que MIERDA! ¿Cuánto por la niña? ¡¿Hijo de puta?!”

“Nah, hemos terminado aquí. Jodete, que tengas una buena vida. ¡Oh, y – mantente a salvo!”

Con los ojos llorosos y el corazón nauseabundo, observo cómo el barco comienza su partida: la última evacuación de nuestra isla en cuarentena.

“Lo siento querido … lo intenté, pero ya no había espacio” susurro entre sollozos, agarrando a mi nieta en mis brazos.

Historia escrita por – lukkynumber
Traducción por – Kevin Mendoza
Historia Original en ingles – https://ift.tt/2vg342T

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Se que no debería hacerlo pero..

#terrorinternet #creepypasta

Usuarios de este pequeño blog,  podrían ayudarme contestando una encuesta, es para mi PIA de estadística, tardan aproximadamente 5 minutos. Se los agradecería mucho, demasiado. 🙏🙏🙏🙏

https://goo.gl/forms/BmcjScbXBwfl9NkA3

Una disculpa por ponerlo aquí pero después de esto vendrán actualizaciones en la pagina, con nuevas historias y posiblemente un cortometraje en el que estoy trabajando el guión.

Y muchas gracias por ayudarme, llevo 7/50.

este post estará solo el fin de semana  13/07 – 16/07

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Si no se va la señora que me está mirando, probablemente esto es lo que pasó

#terrorinternet #creepypasta

Ahora mismo estoy en mi cama, intentando dormir, no sé si es mi cabeza, no sé si sólo estoy cansado…no, no puede ser eso, esa mujer no puede ser producto de cansancio, debe ser una de esas muchas veces que algo desconocido se queda mirándome, se acercan, me miran y me miran más; estoy hartándome de ello, pero nunca se quedaban mirándome en mi cama, o en mi casa pero cada vez que lo hacían era más cerca de mi casa ahora que lo pienso, empezó hace un año en un viaje a Nuevo Vallarta, era un viaje divertido pero una de esas noches decidí ir a caminar fuera del cuarto por las instalaciones del hotel, pasó una media hora y vi a una mujer pasar por los cuartos vestida con pantalón de mezclilla y una blusa fajada en su pantalón…pero lo raro fue que estaba de cabeza, caminando con las manos en el suelo y los pies al aire, cuando la vi pensé en preguntarle porque haría eso a las 11:30 de la noche pero cuando conectamos las miradas se acercó corriendo de cabeza hacia mi hasta quedar a cinco metros aproximadamente de distancia, salté del miedo y estaba esperando un ataque de esa mujer extraña pero sólo sentí frío, ni pude caminar lejos de ella por 2 minutos, estaba petrificado aceptando mi muerte pero no hizo nada, caminé lejos de ella hacia el cuarto y cuando volteé atrás no la vi. 

Esa fue probablemente la primera vez que vi algo así y siento que esa mujer está relacionada a lo que siguió pasando de ahí hasta el día de hoy, esa mujer que vi por primera vez se veía como una mujer normal, con blusa, maquillaje, pero tenía la mirada muerta, como si la luz de sus ojos ya no existiera con las pupilas dilatadas al máximo, luego empecé a ver a diversos tipos de asechamientos desde niños hasta hombres obreros y una vez fue un anciano, todos con una característica en común, los ojos…muertos, incluso empezaba a acostumbrarme, cada uno tenía nuevas posturas, nuevas contorsiones corporales, después de ellos aparecían los que tenían ojos rojos, la mirada muerta pero los ojos rojos sangre. 

La mujer que me miró por primera vez en el hotel no tiene nada que ver con lo horrible que es la que está en mi puerta, con sólo un ojo mirándome, la mano está dentro del cuarto, también un pie, pero se mantiene estática. Estoy escribiendo esto en mi celular ya que no tengo nada más con que hacerlo, esa mujer no deja de mirarme, pero es la primera vez que escucho a uno de los asechamientos respirar, está a un metro de distancia…mirándome y caminando lentamente, no se detiene y tengo miedo, tiene cada cosa que más me daba miedo de cada una de las figuras humanas que se fueron apareciendo desde hace un año, esos ojos rojos brillantes a la luz de la luna, tengo una ventana donde puedo ver parte del reflejo de la luna en ese rojo carmesí, su boca con dientes deteriorados, su piel blanca como las sábanas que me cubrían, con una sonrisa que lentamente se está formando, ahora que lo pienso, empezó con una cara de emoción neutral, el pelo negro, pero no le cubre la cara lo cual es aún más inquietante para mí, tiene arrugas…esos ojos…se están moviendo alrededor de mi cuerpo como si fuera una presa más, estoy congelado, no quiero gritar, siento que si lo hago va a ser mi final, necesito calmarme, me pondré a rezar, no creo en Dios pero si es que existe voy a rezar, escribiré si funcionó o…espera, está abriendo la boca, está abriendo la boca, no se acerca pero está abriendo la booooooooooWepfpwenm.




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En el lugar mas recóndito de los Sueños

#terrorinternet #creepypasta


Soy un hombre que trato de no pensar demasiado las cosas, considero que cuanto mas se medita sobre un tema, mas difícil se torna tomar una buena decisión. He venido del a ciudad, el ajetreo del centro me estresaba demasiado así que decidí irme a vivir a una zona mas calmada, no en el campo sino en un barrio menos poblado en la misma ciudad.

Es un barrio sospechosamente tranquilo, las casas son bajas y todavía hay calles de tierra, lo cual me extraño bastante, era un concepto raro para mi, el chico de ciudad.

La casa en la que me encontraba era bastante amplia para mi, un living grande, una pieza amplia y un baño normal. Yo lo considero bastante bueno, ya que soy un hombre soltero.

Pasaron varias semanas y yo ya me encontraba instalado, ya había sacado todo de las cajas, ya tenia Internet y todo lo necesario.

Pero hablemos del barrio, era bastante extraño, cuando salia a hacer mis compras mis vecinos me miraban, incluso si estaban en la otra cuadra o estaban de espaldas hacia mi, se giraban para mirarme, todos me miraban siempre de forma extraña, como si fuera el centro de todo lo que hay alrededor.

En cuanto al ambiente, si estaba mas tranquilo a pesar de este detalle incomodo, pero en este lugar, el tiempo parece transcurrir lentamente, como si todo estuviera en cámara lenta y las cosas que están en movimiento, como los autos o incluso las hojas de los arboles, parecen difuminadas en el tiempo.

Cabe mencionar, que en este lugar, no hay nunca un día o una noche precisamente, parece como si siempre estuviera amaneciendo o anocheciendo.

Aunque cabe destacar que la mayor parte de mi tiempo fuera del trabajo, osea ya en mi casa devuelta, o estoy durmiendo o ni siquiera salgo a la calle.

Mi estrés comenzaba a aparecer de nuevo, ya las miradas eran miradas fijas y enojadas, como si estuvieran viendo algo que les molesta.

Empiezo a perder la noción del tiempo y comienzo a perderme en pensamientos y las cosas cambian como si cumplieran algún tipo de patrón en este inhóspito lugar.

Parece estar siempre de noche, ya no veo salir ningún sol salir por el horizonte en las mañanas. Tampoco veo ningún sol irse cuando anochece. Las cosas están cada vez peor, y el lugar se vuelve cada vez menos habitable para mi.

Pero lo que mas me inquieta, es la casa de enfrente de la mía, mi ventana da a la calle y esa casa vieja, parece que hace mucho esta deshabitada y abandonada aunque desde que me mude nunca la he notado hasta esa noche.

Habia alguien en la ventana corriendo la cortina negra de la habitación, pareciera mirarme fijo, pero con una mirada vacía y llena de incomodidad, pues esta cara no tenia ojos, tenia la boca permanentemente abierta. Me quedé varias horas mirándola, y no hacia ningún movimiento, llegué a pensar que se trataba de una broma de mis odiosos vecinos, pero no.

Dejé de ir al trabajo, pues ya nunca amaneció esa noche, y ese rostro persistia a través de las cortinas negras, ese rostro palido y espeluznante.



Ya llevaba horas incontadas sin dormir, no se en que momento me distraje pero, ese rostro desapareció de la nada y la casa donde habitaba, parecía una casa común, habitada por personas al igual que yo.

Sentado cerca de mi ventana con la cortina de mi habitación entre mis manos mire asombrado a aquella ventana por varios minutos, no vi ningún movimiento, pero el rostro seguía revoloteando entre mis pensamientos mas profundos fuera de toda razón escéptica sobre espectros de esa calaña, pensamientos totalmente irracionales. Me levanto del pie de mi cama y siento una respiración a mis espaldas, todo esta completamente oscuro. Mi corazón empieza a latir fuerte y comienzo a transpirar y a tener escalofríos, pues la cosas movía el pie como si estuviera esperando algo, claramente estaba sentado de espaldas hacia mi al igual que yo a él.

En un pensamiento instintivo, con mucho temor decido girar la cabeza, y ahí estaba el ya de pie mirándome, ese rostro con solo cuencas vacías en vez de ojos y un agujero negro en vez de boca estaba ahí.

Me levanto lentamente y comienzo a llorar y me pego contra la pared del terrible miedo que siento. Él comienza a rodear la cama para acercarse a mi, sus pisadas son duras y con un sonido seco, como si llevara zapatos.

Yo caigo de espaldas al suelo de la oscura habitación el se acerca lentamente hacia mi, mientras yo grito de desesperación, en un movimiento brusco arranca la cortina y ahí están.

Iluminados por la luz de mercurio de la calle, se encuentran los vecinos mirando a traves de la ventana. Escucho como abren la puerta de afuera para después entrar a traves de la puerta de  la casa. Vienen caminando por el comedor y corren la cortina de mi habitación, de pronto mi casa esta llena de desconocidos, esos son todos mis vecinos observándome con el ceño fruncido.

De repente todos al unisono comienzan a gritar “DESPIERTA” con toda sus fuerzas durante varios minutos, el rostro pálido y boquiabierto, solo se queda inmóvil mirándome. Mientras todos siguen gritando, el tipo de rostro pálido y escalofriante se agacha y acerca su cara hacia la mía, mirándome fijamente.

“Es hora de que te vayas, has estado mucho tiempo aquí, intruso” luego de decir esta frase, hizo un sonido gutural descabellado, totalmente imposible de hacer para un ser humano común y corriente, abrió su boca de manera que cubría toda mi visión sobre el cuarto, como si de un gran agujero negro se tratase. Mi respiración se corta y mis gritos sin fuerzas se pierden entre los alaridos de que proclaman mi despertar.

No escucho absolutamente nada, el monstruo pareciera haberme tragado en su inmunda y silenciosa oscuridad dentro de su ser.

Me despierto agitado y llorando miro el reloj que esta sobre mi mesita de luz…




Entro totalmente en pánico, aun no ha amanecido. Pero eso no es lo inquietante, lo verdaderamente terrorífico es el horario, son las 17:35 pm.

Escucho girar la perilla de la puerta de mi casa… ya están dentro…

Y pensar que creí que me había despertado de una vez por todas!

Historia escrita por – Ever Gonzalez

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El perseguidor | The Pursuer.

#terrorinternet #creepypasta


Esa noche, las últimas franjas de luz pálida se debilitaban en la vastedad de la ciudad. Las calles, aún húmedas por la lluvia reciente, destellaban tenuemente. El alumbrado público no había cobrado vida, y las calles permanecían suspendidas en ese apasionante momento desenfocado entre la luz y la oscuridad.


Iba camino a mi casa luego de lo que había sido un día de trabajo difícil, dejándome exhausto y desalentado. Daba pasos largos y mis manos iban recogidas en mis bolsillos a manera de puños, enterrados al fondo de la tela. Hacía frío. No un frío mordaz; uno asesino. Un frío que deslizaba sus níveas manos trepando ligeramente por mi piel —murmullos de tacto que ocasionaban piel de gallina y sospecha—. Pude sentir mi ritmo cardíaco acelerarse, mi aliento agitarse.


Me detuve, cerré los ojos y escuché el crujido ahogado de una pisada detrás de mí. Luego nada.


Alguien me seguía.


Me preparé para salir corriendo, con todos los resortes y engranajes girando, y ahora era inconfundible. Definitivamente tenía a un perseguidor.


No miré atrás, solo corrí. Mi pie golpeó el pavimento con fuerza, chirriante. Corrimos juntos, mi perseguidor y yo; un baile maníaco de alto riesgo. Por carreteras, callejones y sobre latas de basura. Al final, llegamos a mi calle. Salté apoyando el brazo sobre una valla, atravesé un patio. Llegué a mi entrada; una inspección frenética de mis llaves. No lo dudaba, si solo podía llegar a mi sótano antes de ser capturado, estaría sano y salvo en casa.


Corrí a la puerta de mi sótano, empujándola de su marco, y luego recorrí las escaleras saltando los dos últimos escalones antes de ocultarme en las sombras.


Mi perseguidor detuvo su ritmo en tanto se acercó a los escalones de mi sótano; con cada pisada, descendía todavía más hacia el brillo turbio. Un débil rayo de luz que caía, resplandeciente, desde la entrada del sótano me permitió ver la mano de mi perseguidor cepillando y palpando su camino a través de la gélida pared del sótano, buscando el interruptor de la luz. Escuché cada aliento que tomaba —irregular, pesado y húmedo—.


Cuando su mano descubrió el interruptor



Vi cómo el hombre en uniforme azul se detuvo en su lugar, congelado por el terror mientras su mirada barría la habitación. Desde las paredes teñidas en sangre, al congelador cruento en la esquina, hasta lo que quedaba de mi última cena en la mesa quirúrgica.


No me escuchó acercarme detrás de él, pero debió sentir el bulto palpitante en mis pantalones cuando vacié una jeringa entera en la carne de su cuello.


«Bien, oficial —susurré en el oído del policía mientras su cuerpo se desplomaba—, parece que ha resuelto el caso».


Una sonrisa despiadada reptó a lo largo de mis labios.


Historia escrita por- Tully T

Traducción – Tubbiefox

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He estado recibiendo cartas extrañas de la prisión de St. Louis

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Quizá bajé mi guardia por el hecho de que llegó a las tres de la tarde. No tocó la puerta con la fuerza que se esperaría de un hombre de su estatura —postrándose ante mí con sus casi dos metros, de hombros anchos y de nudillos macizos—. Cuando le pregunté cómo podía ayudarlo, metió su mano en el bolsillo de su abrigo, sacó un sobre y me lo pasó. ¿Quién viste con abrigos en agosto? Tomé el sobre y le di un vistazo. El frente había sido estampado varias veces con información del Centro Penitenciario de St. Louis. Una carta de prisión; fantástico. No conocía a nadie que estuviera en prisión. Luego, me fijé en una nota adhesiva sujetada con un clip al reverso del sobre. Simplemente decía:

«Por favor permita que el mensajero esté presente para que sea testigo de la lectura de esta carta».

Miré hacia la figura del hombre que se imponía en mi pórtico. Aunque era grande, no parecía ser amenazante. En todo caso, su sonrisa tranquila me hacía pensar que era un tanto amigable. Le pregunté si sabía algo del contenido de la carta, pero el hombre alto se encogió de hombros. Asentí y lo invité a entrar.

En la cocina, nos sentamos en la mesa uno frente al otro. Le ofrecí algo de café, pero declinó en silencio. Observándolo una última vez, pelé la solapa trasera del sobre y extraje la carta de diez páginas garabateadas con caligrafía apresurada sobre papel amarillo rayado. La carta empezó:


«No me conoces. Probablemente nunca me conocerás. Recibí la pena de muerte en el Centro Penitenciario de St. Louis. Fui encarcelado por el asesinato de mi esposa y de mis dos hijos. Lionel tenía tres años. Marcie solo tenía seis meses. Los amaba sinceramente, pero los maté. Admitiré esto, ante todo. Me odio a mí mismo por ello, y me pudro en mi celda siendo torturado por las imágenes de su sangre goteando desde mis nudillos. Déjame contarte mi historia».

Volteé de nuevo hacia el hombre alto con un asco evidente en mi rostro. Su sonrisa calmada y tenue no flaqueó mientras me observaba. Me levanté para traer un vaso con agua y luego regresé por la carta. El autor de la carta, cuyo nombre descubrí que era Fitz Willard, había sido encarcelado hace dos semanas y empezó a escribir la carta tan pronto como tuvo acceso al correo. Nunca explicó cómo consiguió mi dirección o por qué me escogió a mí para compartir su historia. Pero la historia era brutal.

Fitz declaraba que había sido maldecido. Mi primer pensamiento era que sufría de esquizofrenia, pero explicó que había sido evaluado para ello sin ningún resultado. Insistía con que un espíritu demoníaco estaba atado a él. El espíritu maligno se burlaba de él, lo torturaba en cada momento del día. Le susurraba actos despreciables a su oído cuando se acostaba en la cama. Aparecía en su reflejo cuando pasaba por espejos. El demonio le sugería crueldad constantemente y llenaba el cerebro de Fitz de inseguridades, fobias e ideas siniestras. El día a día de la vida de Fitz se plagó de un comentario prolongado sobre las debilidades de los humanos, la fragilidad de la carne y la libertad que conferían las masacres. Reuniones de trabajo siendo acechadas por el alarido del demonio. Le siseaba cosas terribles acerca de toda persona con quien Fitz se cruzaba en la calle.

Pero lo peor de todo eran los pensamientos del demonio en referencia a la familia de Fitz. Decía que su esposa era una puta. Que sus hijos eran unos bastardos malagradecidos. El demonio convencía a Fitz de que su familia no lo apreciaba, que su esposa lo estaba engañando, que sus hijos no soportaban tenerlo cerca. Que Fitz nunca sería capaz de proveer lo suficiente para ellos. Que su casa era un chiquero. Que sus vestimentas eran trapos. Que todo por lo que Fitz había trabajado su vida entera era un chiste mediocre, cuando mucho.

Por diez páginas, Fitz Willard relató la locura que reptaba en su mente. Las pesadillas que lo despertaban docenas de veces durante la noche. El demonio hacía que los focos de luz tiritasen mientras Fitz caminaba por debajo de ellos. Hacía que el agua de la bañera se tornase roja. Que se apilasen moscas en los espejos. Y las sugerencias del demonio se volvieron más y más furiosas. Se volvieron demandas. Amenazas, incluso. Hasta que, un día, Fitz cedió. Destrozó los cráneos de sus dos hijos infantes con sus propios puños antes de estrangular a su esposa con tanta fuerza, que fracturó la vértebra de su cuello previo a que finalmente se asfixiara.

Así es como terminó la primera carta. El hombre alto se puse de pie y asintió en silencio; luego lo acompañé a la puerta frontal. Naturalmente, estaba alterada. ¿Por qué alguien decidiría compartir una historia tan terrible conmigo?



Día dos. El hombre estaba parado en mi pórtico de nuevo, a las tres de la tarde, y cuando abrí la puerta me entregó la segunda carta. Por más desconcertada que estaba, la noche anterior me había dado cuenta de que no me podía sacar la historia de la cabeza. Tomé la segunda carta y conduje a su mensajero hacia la mesa de la cocina. Quería más.

¿Qué palabra le hace justicia al carácter de la segunda carta? Sombría. Retorcida. Desesperada. El papel amarillo estaba lleno de figuras miserables amontonadas en esquinas, y cuerpos pequeños desplegados con charcos de grafito. La segunda página de la carta simplemente era un gran dibujo: la expresión de una mujer carcomida por el sufrimiento, con su boca desencajada y su garganta repleta de larvas. Arañas envueltas en su cabello. Lágrimas surcando su rostro. Sus manos sujetándole la cabeza e incrustando sus uñas aserradas en sus mejillas.

La segunda carta me dio el nombre del demonio: Grimmdeed el Atormentador. Fitz profundizó sobre su descenso a la locura. La llamada sollozante que hizo al 911 mientras se paraba frente a los cuerpos inertes de su familia. Habló del juicio y de cómo, incluso en la corte, Grimmdeed se sentó detrás de él en la mesa del acusado y pronunció insultos de todos los presentes. Grimmdeed exigió que Fitz asiera el arma del alguacil al final del juicio, y Fitz lo hizo. Esto llevó a una golpiza. Grimmdeed dijo que Fitz debía pararse a un lado de la puerta de su celda, gritando profanidades y amenazando a los guardias. Esto llevó a una golpiza mayor. Grimmdeed le dijo a Fitz que le escupiera al juez al día siguiente en el juicio y, por lo derrotada que estaba su pobre consciencia debido a la influencia constante del demonio, lo hizo.

Le di un vistazo con frecuencia al hombre sentado al otro lado de la mesa. ¿Estaba al tanto del relato terrible que se me contaba? ¿Es por eso que era tan importante que estuviera presente? Su sonrisa gentil nunca titubeó, nunca se desvaneció mientras ojeaba mi cocina distraídamente.

La carta terminó con otro dibujo. Esta vez, de todo el juzgado cubierto con abogados masacrados y el juez colgando de su cuello sobre el estrado. Todo había sido bosquejado con lápiz grafito y huellas digitales grises presionadas contra el papel amarillo.



En el tercer día, estaba sentada en el último escalón esperando que se cumplieran las tres de la tarde. Justo a tiempo, el mensajero llegó y, sin que dijéramos nada, le permití pasar por mi puerta. Dejó la tercera carta en la mesa de la cocina y se sentó. Pelé el sobre y me senté con una taza de café humeante por mi codo.

En su tercera carta, Fitz habló sobre sus días en prisión. Sobre cómo, desde su encarcelamiento, Grimmdeed el Atormentador lo acosó. Describió lo lento que era el proceso de la pena de muerte, que podía morir de viejo en su celda de prisión antes de que la fecha de ejecución se fijara. Su caligrafía se volvió un garabateo casi ilegible. Su escritura era frenética. Era un ratón atrapado en una jaula, siendo incitado constantemente por las cavilaciones de Grimmdeed. La sanidad de Fitz había acabado hace mucho. Hizo un bosquejo de sí mismo embarrando algo en las paredes de su celda con sus manos. Asumí que eran heces. Fitz dijo que estaba pesando en arrancarse sus orejas con la esperanza de quedar sordo y escapar de los susurros de Grimmdeed. Las páginas amarillas tenían manchas en ellas por las lágrimas de Fitz; se disculpó de eso.

Luego, en la última página, una chispa de esperanza. Como si se hubiera detenido y recuperado la compostura, su caligrafía se hizo limpia y clara de nuevo. Las últimas líneas decían:

«Grimmdeed se ha aburrido de mí. Al estar encerrado de esta manera, no le sirvo de mucho. Me reveló el método para terminar la maldición. Bueno, no, porque la maldición nunca termina realmente. Por esto te estoy escribiendo. Para pasarle la maldición a su siguiente víctima. Pero, dado que aún me queda un fragmento de mi humanidad, al menos te diré cómo se hace. Tienes que hacer que alguien más adquiera la maldición de la misma forma en la que me sucedió a mí: al invitar a Grimmdeed a tu casa tres veces».

Mi corazón se paralizó. No me atreví a respirar conforme alzaba mi mirada desde la firma burlona de Fitz y hacia el hombre alto que me veía a los ojos. Sus ojos eran una negrura infinita. Esa sonrisa cruel se amplió más que nunca:

«Quema la carta», demandó Grimmdeed.

Historia escrita por-  AHarmonRights
Traducción- Tubbiefox
Historia original- CLIC

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